Los chicos con menos recursos que hacen todo bien no les va mejor que a los chicos ricos que hacen todo mal

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Este artículo fue originalmente escrito por Matt O´Brien para el Washington Post, quien habla sobre la desigualdad de oportunidades según los recursos que se tienen, poniendo específicamente el caso de Estados Unidos. 

En gran parte, la desigualdad comienza en la cuna. Los padres ricos pueden costear pasar más tiempo y gastar más dinero en sus hijos. Los economistas Greg Duncan y Richard Murnane calcularon que, entre 1972 y 2006 los padres con altos ingresos aumentaron sus gastos en “actividades de enriquecimiento” para sus hijos en un 151% (cifras ajustadas a la inflación), en comparación al 57% de los padres con bajos ingresos.

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Por supuesto, no es solo sobre dólares y centavos. También es sobre las letras y las palabras. Los padres pudientes hablan en promedio a sus hijos 3 horas más a la semana en comparación a los padres más pobres, lo que es crítico durante los años de formación de un hijo. Es por eso, como explicó el profesor de Stanford Sean Reardon, que “los estudiante ricos cada vez más entran mejor preparados para triunfar a kindergarden que los estudiantes de clase media” y se mantienen así.

Es una competencia educacional que está dejando a muchos niños muy atrás.

Es deprimente, pero no tanto como esto:

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Los chicos pobres que hacen todo bien no les va mucho mejor que a los chicos ricos que hacen todo mal. En el gráfico, basado en una investigación de Richard Reeves e Isabel Sawhill, se puede ver que las ventajas y desventajas, en otras palabras, tienden a perpetuarse por sí mismas.

Específicamente, en una tabla sobre el porcentaje de sueldo, la cantidad de estudiantes ricos (14%) que no terminan sus estudios y están en la cima de esa tabla es casi la misma que de estudiantes pobres que sí lo hacen (16%), pero aún así se encuentran en lo más bajo. No sólo eso, sino que estos luchadores de bajos ingresos tienen la misma tendencia a mantenerse en lo más bajo de la tabla que los ricos que son flojos.

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¿Qué está sucediendo? Bueno, es acerca de los pisos de vidrio y los tejados de vidrio. Los niños ricos que pueden empezar a trabajar en la empresa familiar -el 70% de los hijos del 1% más rico en Canadá hace eso- o que pueden heredar el estado familiar, no necesitan un diploma escolar para salir adelante. Es un ejemplo extremo de lo que los economistas llaman “acaparamiento de oportunidades”. Eso incluye todo, desde admisiones a la universidad por legado familiar a pasantías sin sueldo, que dejan a los padres pudientes manipular el juego a favor de sus hijos.

Pero incluso si no lo hicieran, para los niños de bajos ingresos aún les sería difícil salir adelante, en parte porque son objetivo para máquinas de diploma que los cargan de deudas, pero no muchos prospectos. Incluso si logran obtener un buen título, al menos en lo que se refiere a las familias negras, tienen mayor tendencia a vivir en barrios de bajos recursos que los mantienen desconectados de las oportunidades.

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No es exactamente un juego de tirar la moneda donde los niños ricos reciben mejor educación, pero de todas maneras se adelantan debido a sus recursos y contactos si no la reciben.

Original.

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