Sin importar de dónde seas ahora puedes ir gratis a la universidad en Alemania

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A comienzos de octubre, el estado de Baja Sajonia en Alemania se convirtió en el último en terminar con el pago de matrícula a las universidades públicas. A partir de ahora, cualquier universidad estatal en la República Federal (instituciones legendarias que le subieron la exigencia al sistema educativo mundial como la Universidad de Heidelberg, la Universidad de Munich o la Universidad Humboldt de Berlín) cuesta “nichts” (o sea, nada). De todas maneras, antes el pago de las matrículas no sobrepasaban los US$ 630, pero ese monto era considerado “poco justo” por la senadora de Hamburgo, Dorothee Stapefeldt.

Seguramente estás pensando “¡No es eso genial para los alemanes! no les basta con excelentes comerciales de supermercadosus espectaculares playas nudistas y su canciller vestida tan pragmáticamente, ya que ahora también tienen universidad gratis”. Además, Alemania no sólo suprimió el pago de matrícula para los de aquel país, sino que también para los estudiantes internacionales. Leyeron bien padres ¿Quieren tener una verdadera ganga por la educación superior de sus hijos? Enséñenles el idioma y súbanlos en un avión.

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Por supuesto, aún cuando poner tanta inversión pública en la educación superior sea algo inspirador y provoque celos, existen razones importantes mediante las cuales se puede explicar el porqué las universidad alemanas se han mantenido tan baratas -o incluso gratis- durante su existencia. Si bien la experiencia de pasar tiempo en una de ellas no es tan diferente a lo que ocurre en una estadounidense, existen diferencias culturales y de infraestructura entre ambos sistemas educativos que los estudiantes deben considerar antes de cambiarse.

Antes que todo, el concepto de “vida de campus” difiere considerablemente en ambos países. Las universidades alemanas poseen principalmente edificios de clases y bibliotecas. No tienen gimnasios enormes con murallas de piedra y piscinas, no hay instalaciones para deportes en equipo (a menos que tengas en mente las fraternidades de esgrima) y no existen sindicatos de estudiantes con presupuestos de mil millones de dólares para tener televisores de pantalla plana. También debes olvidarte de los corredores con estilo de hotel, ya que los pocos que hay son “minimalistas” (algo irrelevante, dado que la mayoría de los alemanes viven con sus padres o en departamentos compartidos). Por lo tanto, ninguna de estas opciones tiene la experiencia de “campamento de verano” que se asocia a la vida universitaria estadounidense.

La vida académica también es diferente. Los del país europeo generalmente entran a programas de estudios específicos y no tienen ese concepto de “expansión de los horizontes” o toma de decisiones que ocurre en el primer año de los norteamericanos. Uno postula para estudiar Derecho, Medicina, Literatura, Ingeniería, o lo que sea que te guste, y luego debes cumplir los requisitos del programa. Tampoco existe mucho el área de orientación académica, ya que se espera que sepas lo que necesitas hacer.

Además, las aulas son muy distintas, ya que una clase de primer año de literatura en Norteamérica puede tener 25 alumnos inscritos con un profesor que se espera que conozca a todos sus alumnos, al menos de vista. Una clase de nivel más básico en Alemania, puede llegar a tener una variación de casi 200 estudiantes que van a clases cuando se les plazca (sí, eso incluye poder entrar o salir cuando quieran). Incluso en los niveles más avanzados, tienen permiso para posponer el registro oficial hasta el fin de semestre, momento en el cual eligen tomar un examen único o entregar un ensayo de seminario.

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Existen muchos estudiantes maduros, autónomos y motivados que no pueden pagar su educación, quienes podrían sacar todo el provecho a la educación en una de las instituciones alemanas ¿Qué pasaría si en otros países se ofreciera un “paquete” distinto con descuentos para quienes no les interesan las instalaciones, sino que asistir a las clases? Dejando de lado el que sea gratuita, quizás se debiese encontrar una forma de hacer la educación pública más asequible que un viaje de ida y vuelta a Múnich.

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