¿Dejar mi trabajo para irme a una isla remota? La charla que me inspiró a tomar un año sabático

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 Winston Chen dejó su trabajo en Boston y se lanzó a la aventura junto a toda su familia. Lo que él no sabía era cómo iba a cambiar su vida. A continuación te dejamos su historia:

Ulises, Gauguin, Robinson Crusoe y ¿yo?

La mayoría de las personas sueñan con escapar, olvidarse de todo lo que implica la civilización e irse a vivir a una isla remota. Pero la verdad es que es difícil, especialmente para aquellas parejas profesionales que ya tienen hijos. Aun así, eso es lo que hicimos con familia: Dejamos Boston y renuncié al trabajo estable que tenía en una compañía de software para irnos a vivir a una pequeña isla en el norte del Circulo Ártico por un año. Todo esto sin saber qué nos depararía el futuro o qué nos tocaría vivir cuando volviésemos.

El origen de esta idea se remontaba a 3 años atrás cuando un amigo me hizo ver una charla TED del diseñador gráfico Stefan Sagmeister, en la cual presentaba una idea tentadora: “Pasamos casi 25 años de nuestras vidas aprendiendo. Luego, hay un rango de 40 años en los que pasamos trabajando, y luego, casi al final, nos quedan 15 años de retiro. Creo que sería ideal tomar 5 de esos 15 años y esparcirlos entremedio de los que pasamos trabajando”.

Esta idea me impresionó profundamente, ya que en ese tiempo era un ejecutivo de una pequeña compañía de software, el típico empleo de administración donde pasas la mayor parte del día realizando tareas en PowerPoint. Había pasado 10 años ahí y aún sentía que estaba recién aprendiendo a hacer mi oficio. Vivimos en una sociedad que celebra las éticas laborales fuertes y la gratificación tardía: dos cosas que son buenas, pero que hemos llevado al extremo. Nos negamos el tiempo para hacer cosas que sean importantes para nosotros hasta que estamos física y mentalmente exhaustos.

Desde el momento en que vimos el video, mi señora y yo tuvimos la idea de darnos un tiempo para ir a vivir en un lugar lejano. Nos tomó 3 años atrevernos a hacerlo y cuando al final tomamos la decisión, nuestros hijos ya tenían la edad suficiente para recordar la aventura, pero no tantos años como para ir al colegio. Mi esposa, quien había sido profesora en Noruega, no podía esperar para volver a la sala de clases y encontró un trabajo enseñando en una pequeña isla llamada Rodoy y así comenzó la aventura.

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Arrendamos nuestra casa, muebles y auto, guardando nuestras cosas en 4 bolsos grandes. Con más ansiedad y miedo que pertenencias, nos fuimos a un lugar que nunca habíamos visto con una población de sólo 108 personas. Estábamos determinados a vivir del salario de mi esposa por un año completo.

Mientras que la meta de Stefan Sagmeister era renovar su creatividad, la mía no estaba tan planeada: quería darme a mí mismo un año sin ninguna meta establecida. Durante esos días, pasé mucho tiempo con mis hijos sin ningún otro objetivo que estar juntos, algo muy diferente a lo que hacía antes donde sólo tenía unas horas para dirigirlos a través de la rutina diaria. Nos comunicábamos de manera más relajada y empática e incluso llegué a conocerlos de una manera más profunda.

Me dediqué a escalar y pescar, luego de dejar los niños en la escuela, tomaba mi mochila, mi lanza de pesca y me iba. Retomé mi gusto por la fotografía más seriamente porque podía pensar en lo que quería capturar sin presiones.

Aprendí a tocar el ukulele y volví a pintar con acrílico luego de dejarlo por muchos años.

Cuando ya llevábamos 3 meses de los 12 que pasaríamos, re-descubrí uno de mis viejos amores: programar. Con el sólo propósito de divertirme, cree una aplicación que leía artículos web o PDF y lo llame Voice Dream Reader. No pasó mucho tiempo antes que me obsesionara con la app cuando me di cuenta que podía transformar las vidas de aquellos estudiantes y adultos a quienes les costaba leer. De la nada sentía todas esas cosas importantes: la diversión, la pasión y la emoción. Me dediqué a trabajar en ella de forma lenta pero dedicadamente, sin dejar de disfrutar todas las otras actividades que ya hacía desde que habíamos llegado a la isla.

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Durante el verano, dejábamos que el clima guiara nuestras actividades. Si nos tocaba un día cálido íbamos a la playa o a cualquiera de las islas cercanas, si hacía más frío nos dedicábamos a escalar y si llovía nos quedábamos en casa jugando juegos de mesa. A veces nos quedábamos subiendo rocas hasta pasada la media noche, mirando largas puestas de sol.

Creo que la gente evita tomar decisiones difíciles, por miedo a lo que viene después. Cuando volvimos a casa luego de un año no teníamos ni trabajo ni cobertura de salud. Teníamos que empezar a pagar inmediatamente el crédito hipotecario y el auto, además de todo lo que significa vivir en una ciudad cara.

Sin embargo, en nuestro primer día de vuelta a Estados Unidos nos sentíamos muy tranquilos. Nos juntamos con nuestros amigos y comentamos nuestras aventuras. Para ellos, el verano había sido totalmente diferente, ya que trataron complementar los trabajos de ambos –demandantes y de tiempo completo- con las actividades de sus hijos. La solución la habían encontrado juntándose con otras dos parejas de padres en una tarde llena de computadores, un proyector y mucho vino. Mientras que para nosotros consistió en levantarnos tarde todos los días, cocinar un gran desayuno y luego salir a explorar la isla.

Durante esa primera tarde podía sentir el estrés palpable de nuestros amigos. Una pareja exitosa que ganaba mucho dinero, mientras que mi familia se sentía en paz a pesar de no tener nada. Ese fue el momento en el que comprendí todo: nuestro año afuera no fue sólo una aventura que recordaríamos, sino que nos cambió como personas.

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Yo continué con el Voice Dream Reader, aunque las ventas no fuesen muy altas. El centrarme en esto, en vez de conseguir un trabajo tradicional, ha sido uno de las decisiones más riesgosas que he tomado. Ante estas situaciones mi esposa y yo usualmente nos decíamos: “¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Volver a la isla?”. Estábamos totalmente confiados gracias al descubrimiento que nuestra familia podía ser feliz con muy poco.

Luego mi proyecto comenzó a generar suficientes ganancias como para mantenernos. No fue instantáneo, pero luego de 2 años ha sido un éxito inimaginable. Ha estado dentro del top 10 de las aplicaciones educaciones en 86 países y aún más importante es que mi trabajo me satisface completamente. Los estudiantes con problemas de lectura visual pueden escuchar y aprender como cualquier otro. Aquellos adultos que tenían dificultad al leer (sin saber que sufrían de dislexia) ahora devoran libros. Voice Dream Reader generó una diferencia en el día a día de las personas.

Mucha gente que escucha mi historia me cuentan lo mucho que quieren vivir una experiencia similar: tomarse un tiempo para hacer todas esas cosas que anhelan. A todos ellos les digo lo mismo: no tengan miedo. La mayor parte de las personas son más adaptables al cambio de lo que creen y las carreras laborales pueden adaptarse también.

La oportunidad de tomarte un tiempo sabático durante tu vida te cambia la vida. Al darte a ti mismo la oportunidad de viajar, creas posibilidades y quizás encuentres cuál es el tipo de empleo que te apasiona, como me pasó a mí. Da por sentado que volverás con una seguridad renovada y nuevas perspectivas para potenciar tu carrera, además las historias y los recuerdos te enriquecerán a ti y a tu familia. No esperes hasta los 65 ¡Hazlo ahora!

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