La posible causa de la adicción ha sido descubierta, y no es lo que tú crees

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Para responder una duda que lo había acosado toda su vida, el escritor Johann Hari, autor de ‘Persiguiendo el grito: Los primeros y últimos días de la guerra en contra de las drogas’ -quien vivió en experiencia propia las externalidades de la adicción entre sus amigos y familia-, se embarcó en un viaje para descubrir el verdadero trasfondo detrás de ésta lucha interminable. He aquí las conclusiones que obtuvo de su aventura por correr este pesado velo.

Ya se han cumplido cien años desde que las drogas fueron prohibidas por primera vez, y a lo largo de todo este siglo de guerra en contra de las drogas, nuestros profesores y nuestros gobiernos nos han contado una historia acerca de la adicción. Esta historia está tan arraigada en nuestras mentes que la damos por hecho. Parece obvia y una verdad absoluta. Hasta que, hace tres años y medio atrás, comencé un viaje de 48.000 kilómetros con el fin de investigar para mi nuevo libro, llamado Persiguiendo el grito: los primeros y últimos días de la guerra en contra de las drogas. En este viaje descubrí qué es lo que realmente está liderando la guerra en contra de las drogas, y que era lo que yo también creía. Pero lo que aprendí de esto es que casi todo lo que nos han dicho acerca de la adicción está mal, y que hay una historia completamente diferente que nos está esperando, si es que estamos preparados para escucharla.

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Si realmente incorporamos esta nueva historia, tendremos que cambiar algo más que la guerra en contra de las drogas. Tendremos que cambiar nosotros mismos.

Lo aprendí de una serie de personas que conocí en mis viajes. De los amigos sobrevivientes de Billie Holiday, quienes me ayudaron a aprender cómo los fundadores de la guerra en contra de las drogas la acosaron y ayudaron a matarla. De un médico judío, que fue sacado a escondidas del gueto de Budapest cuando era un bebé, solo para descubrir los secretos de la adicción en la adultez. De un traficante de crack transexual de Brooklyn, quién nació cuando su madre, una adicta al crack, fue violada por su padre, un oficial del NYPD. De un hombre a quien lo tuvieron en el fondo de un pozo por dos años por tortura durante una dictadura, solo para convertirse en el Presidente de Uruguay y comenzar los últimos días de la guerra en contra de las drogas.

Tuve un motivo personal para comenzar a buscar estas respuestas. Uno de mis primeros recuerdos de cuando era niño es estar intentando despertar a uno de mis familiares, quien nunca despertó. Desde entonces, he estado dándole vueltas al misterio esencial de la adicción. ¿Qué provoca que algunas personas se queden pegadas en una droga o comportamiento hasta que no pueden parar? ¿Cómo podemos hacer que esas personas vuelvan a nosotros? A medida que fui creciendo, otro de mis familiares cercanos hizo una adicción a la cocaína, y luego tuve una relación con un adicto a la heroína. Supongo que la adicción me hacía sentir como en casa.

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Si me hubieras preguntado qué es lo que causa la adicción en un comienzo, te hubiera mirado con cara de que eres un idiota y hubiera dicho: “Las drogas, obvio”. No es difícil de entender. Pensé que lo había visto en mi propia vida. Todos podemos explicarlo. Imagina que tú y yo y las siguientes veinte personas que pasen por el lado de nosotros en la calle probáramos una droga realmente potente durante veinte días. Hay químicos fuertes que te hacen dependiente en estas drogas, así que si paramos el día veintiuno, nuestros cuerpos van a necesitar el químico. Tendríamos una ansiedad enorme. Seríamos adictos. Eso es lo que significa ser adicto.

Una de las formas en que esta teoría se comprobó en sus inicios fue mediante experimentos con ratas -las que luego fueron inyectadas en la psique estadounidense en los años ochenta, en un famoso anuncio de la Sociedad por un Estados Unidos libre de Drogas. El experimento es simple. Pon una rata sola en una jaula con dos botellas de agua. Una es solo agua, la otra es agua mezclada con heroína o cocaína. Casi todas las veces que se ha llevado a cabo este experimento, la rata se obsesiona con el agua que contiene la droga, y regresa por más y más, hasta que muere.

El anuncio dice así: “Solo una droga es tan adictiva, que nueve de cada diez ratas de laboratorio la consumirá. Y lo hará hasta morir. Se llama cocaína, y puede hacerte lo mismo a ti”.

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Pero en los años setenta, un profesor de psicología de Vancouver llamado Bruce Alexander notó algo extraño acerca de este experimento. La rata es introducida en la jaula sola. No tiene nada más que hacer que consumir la droga. Él se preguntó, ¿qué pasaría si hiciéramos este experimento de manera diferente? Entonces el profesor Alexander construyó el Parque de Ratas. Es una jaula exuberante en la que las ratas tienen bolas de colores y la mejor comida para ratas, además de túneles para correr a través de ellos y muchos amigos: todo lo que una rata en una ciudad quisiera tener. ¿Qué sucedería en este caso?

En el Parque de Ratas, todas las ratas probaron las dos botellas de agua, porque no sabían qué contenían. Pero lo que pasó después fue sorprendente

Las ratas que llevaban una buena vida no les gustaba el agua con droga. La mayoría la evitaba, y consumían menos de un cuarto de lo que las ratas aisladas habían consumido. Ninguna de las ratas murió. Mientras que todas las ratas que estaban solas y eran infelices consumían en exceso, ninguna de las ratas en un entorno feliz lo hizo.

Al principio, pensé que esto era una particularidad de las ratas, hasta que descubrí que algo similar al experimento del Parque de Ratas estaba ocurriendo entre los humanos. Se llamaba la Guerra de Vietnam. La revista Time afirmó que el uso de la heroína era “tan común como consumir goma de mascar” entre los soldados estadounidenses, y hay evidencia sólida para respaldar esto: cerca de un 20% de los soldados estadounidenses se habían vuelto adictos a la heroína en Vietnam, según un estudio publicado en los Archivos de Psiquiatría General. Muchas personas estaban asustadas, y con razón, pues creían que un gran número de adictos estaban a punto de volver a casa cuando la guerra terminara.

Pero, según el mismo estudio, alrededor de un 95% de los soldados adictos simplemente dejó de consumir. Muy pocos se sometieron a rehabilitación. Se cambiaron de una caja aterrorizante a una feliz, por lo que ya no querían consumir la droga.

El profesor Alexander argumenta que este descubrimiento es un desafío profundo para los partidos de derecha, que piensan que la adicción es una falla moral producida por el exceso de partidos hedonistas, y para los liberales, que piensan que la adicción es una enfermedad que surge en un cerebro químicamente alterado. De hecho, señala que la adicción es una adaptación. No eres tú, es tu jaula.

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Después de la primera fase del Parque de Ratas, el profesor Alexander llevó esta prueba a otro nivel. Volvió a llevar a cabo los primeros experimentos, en el que las ratas eran aisladas y se volvían consumidoras compulsivas de la droga. Las dejó consumir drogas por cincuenta y siete días, pues si algo puede engancharte, es eso. Después las sacó del aislamiento y las colocó en el Parque de Ratas. Quería saber, si caes en ese estado de adicción, entonces, ¿tu cerebro está tan dañado que no puedes recuperarte? ¿Las drogas toman el control sobre ti? Lo que ocurrió fue nuevamente sorprendente. Las ratas parecían tener unos espasmos de abstinencia, pero rápidamente dejaron de usar las drogas, y volvieron a su vida normal. La jaula buena las salvó. (Todas las referencias a todos los estudios que estoy citando están en el libro).

Cuando recién me enteré de esto, me sentí confundido. ¿Cómo es posible? Esta nueva teoría es un ataque tan radical con respecto a lo que nos habían dicho hasta ahora que parecía que no podía ser cierto. Pero a medida que entrevisté a más científicos, y mientras más leía sus estudios, más descubría cosas que no parecían tener sentido, a menos que se tomara en cuenta este nuevo enfoque.

Aquí hay un ejemplo de un experimento que está ocurriendo a tu alrededor, y que puede sucederte a ti algún día. Si te atropellan y te fracturas la cadera, probablemente te administrarán diamorfina, el nombre médico para la heroína. En el hospital, alrededor tuyo, habrá muchas personas que estarán bajo este medicamento por largos periodos, para aliviar el dolor. La heroína que te dará el doctor será más pura y potente que la que utilizan los adictos en la calle, quienes deben comprarle a criminales que la adulteran. Entonces, si la vieja teoría de la adicción es cierta, es decir, son las drogas la que provocan la adicción y hacen que tu cuerpo las necesite, por ende lo que debiera pasar resulta obvio. Muchas personas deberían salir del hospital e intentar drogarse en las calles para satisfacer la adicción.

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Pero he aquí lo más extraño: eso nunca pasa. Tal como el doctor canadiense Gabor Mate me explicó por primera vez, los que consumen drogas por razones médicas simplemente dejan de consumir, aunque las hayan utilizado por meses. La misma droga, utilizada por la misma cantidad de tiempo lleva a los consumidores de las calles a ser adictos desesperados y a los pacientes médicos no les afecta en nada.

Si, al igual que yo solía hacerlo, aún creen que la adicción es provocada por un enganche químico, esto no tiene sentido. Pero si creen en la teoría de Bruce Alexander, todo encaja en su lugar. El adicto de las calles está en la misma situación que la rata de la primera jaula: aislada, solitaria y con una sola fuente de felicidad a la cual acudir. El paciente es como las ratas de la segunda jaula. Vuelve a casa a una vida en la que está rodeado por las personas que ama. La droga es la misma, pero el entorno es diferente.

Esto nos da una mirada que va más allá de la necesidad de entender a los adictos. El profesor Peter Cohen argumenta que los seres humanos tienen una necesidad más profunda de crear lazos con otros. De esa forma es que conseguimos la satisfacción. Si no podemos conectarnos con otros, nos conectaremos con cualquier cosa que podamos encontrar, desde el zumbido de una ruleta hasta el pinchazo de una jeringa. Señala que debemos dejar de hablar de “adicción” en general, y en su lugar debemos llamarlo “crear un lazo”. Un adicto a la heroína ha creado un lazo con ella porque no pudo lograr esa conexión con nadie más.

Por lo tanto, el opuesto a la adicción no es la sobriedad, es la conexión humana.

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Cuando aprendí todo esto, de a poco me fue persuadiendo, pero no podía sacarme de la cabeza una duda agobiante. ¿Acaso estos científicos están diciendo que la dependencia química no hace la diferencia? Me explicaron que, por ejemplo, uno puede hacerse adicto a las apuestas, y nadie pensará que te inyectas un paquete de naipes en las venas. Puedes tener la adicción, sin inyectarte químicos. Fui a una reunión de apostadores anónimos en Las Vegas (con el permiso de todos los presentes, que sabían que yo estaba ahí para observar) y eran igual de adictos que los adictos a la cocaína y la heroína que he conocido en mi vida. Sin embargo, no había químicos de ningún tipo en una mesa de juego.

Pero aún así pregunté, ¿juegan algún rol los químicos? Resulta que hay un experimento que nos da una respuesta para esto en términos bastante precisos, del cual leí en el libro de Richard DeGrandpre, El Culto de la Farmacología.

Todos concuerdan en que fumar es uno de los hábitos más adictivos que hay. La dependencia química al tabaco viene de una droga que contiene llamada nicotina. Por lo que cuando aparecieron los parches de nicotina en los años noventa, surgió un gran optimismo, pues ahora los fumadores podían satisfacer sus necesidades químicas sin los efectos asquerosos (y mortales) del cigarrillo. Serían liberados.

Pero la Oficina de Cirujanos General encontró que solo el 17,7% de los fumadores era capaz de dejar los parches de nicotina. Eso no es menor. Si los químicos causan un 17,7% de la adicción, como esto demuestra, siguen siendo millones de vidas arruinadas a nivel mundial. Pero lo que revela nuevamente es que la historia que nos han enseñado acerca de la Causa de la Adicción provocada por químicos es en realidad cierta, pero es solo una pequeña parte de un problema aún mayor.

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Esto tiene grandes consecuencias para la guerra en contra de las drogas de los últimos cien años. Esta guerra masiva, que por lo que he visto mata a personas desde los centros comerciales de México hasta las calles de Liverpool, se basa en la afirmación de que necesitamos erradicar físicamente una serie de químicos, porque pueden apoderarse del cerebro de las personas y producir adicción. Pero si las drogas no son las causantes de las adicciones y en realidad la adicción es provocada por la desconexión de las personas, entonces no tiene sentido.

Irónicamente, la guerra en contra de las drogas en realidad incrementa todos esos causantes de la adicción. Por ejemplo, fui a una cárcel en Arizona, llamada “Tent City”, donde los reclusos son detenidos en jaulas de aislamiento de piedra (“El Hoyo”) por semanas y semanas, para castigarlos por el uso de drogas. Son la recreación humana más cercana de las jaulas que aseguraban una inminente adicción a las ratas que pueda imaginar. Y cuando esos prisioneros salgan, no serán contratados en ninguna parte, debido a sus antecedentes criminales, lo que asegura que serán aislados aún más. Vi que esto sucedía en distintas historias que conocí alrededor del mundo. Pero hay una alternativa. Puedes construir un sistema que esté diseñado para ayudar a que los drogadictos se reinserten en la sociedad, y así puedan dejar atrás sus adicciones.

Esto no es algo al nivel de las ideas. Está ocurriendo. Lo he visto. Hace casi quince años, Portugal era uno de los países con mayores problemas de drogas en Europa, ya que el 1% de la población era adicta a la heroína. Intentaron combatirlo con una guerra en contra de las drogas, pero eso lo hizo aún peor. Entonces decidieron tomar un camino radicalmente diferente. Decidieron despenalizar todas las drogas, y transferir todo el dinero que utilizaban en arrestar y encarcelar a los drogadictos y utilizarlo en reconectarlos con sus propios sentimientos y para reinsertarlos en la sociedad. El paso más importante fue asegurarles un hogar y subvencionar trabajos para que así tuvieran un propósito en la vida y algo que los sacara de la cama todos los días. Vi cómo los ayudaban en clínicas en las que los trataban bien, y vi cómo aprendían reconectarse con sus sentimientos, luego de años de trauma y de silenciarse con las drogas.

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Portugal

Un ejemplo del que sé es de un grupo de drogadictos que se les dio un préstamo para comenzar una firma de mudanzas. De repente, eran un grupo, todos conectados entre ellos y con la sociedad, y responsables por el cuidado del otro.

Los resultados de todo esto están ahora disponibles. Un estudio independiente de la Revista Británica de Criminología reveló que desde que la droga se despenalizó totalmente, los niveles de adicción han disminuido, y el uso de drogas inyectables ha bajado en un 50%. Voy a repetirlo nuevamente: el uso de drogas inyectables disminuyó en un 50%. La despenalización ha sido un éxito tal que muy pocas personas en Portugal quieren volver al sistema antiguo. El principal opositor de la despenalización en 2000 fue Joao Figueira, el policía antidroga más importante del país. Hizo todas las advertencias que uno podría esperar. Pero cuando nos sentamos a conversar en Lisboa, me dijo que todo lo que había predicho no había ocurrido, y que esperaba que todo el mundo siguiera el ejemplo de Portugal. Esto no solo es importante para los drogadictos que yo amo. Es importante para todos nosotros, pues nos obliga a pensar diferente acerca de nosotros mismos. Los seres humanos somos animales que crean lazos. Necesitamos conectarnos y amar. La oración más sabia del siglo veinte fue la de E.M. Forster: “sólo conecta”. Pero hemos creado un entorno y una cultura que nos priva de esa conexión, o nos ofrece una parodia de esa conexión mediante el Internet. El surgimiento de la adicción es un síntoma de una enfermedad aún mayor con respecto a la manera en que vivimos, que implica dirigir constantemente nuestra mirada hacia el siguiente objeto brillante que debemos comprar, en vez de mirar a los seres humanos que nos rodean.

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El escritor George Monbiot ha llamado a esta época “la era de la soledad”. Hemos creado sociedades humanas en las que es más fácil para las personas desligarse de todas las conexiones humanas como nunca antes. Bruce Alexander, el creador del Parque de Ratas, me dijo que por mucho tiempo, hemos hablado exclusivamente de la recuperación individual de la adicción. Ahora necesitamos hablar de la recuperación social; de cómo todos nos recuperamos, en conjunto, de la enfermedad de aislamiento que nos está hundiendo cada vez más.

Pero esta nueva evidencia no es sólo un desafío para nosotros políticamente. No sólo nos obliga a cambiar de parecer. Nos obliga a cambiar desde el corazón.

Amar a un adicto es muy difícil. Cuando vi a los adictos que amaba, siempre era tentador seguir el consejo de amor duro impartido en programas como Intervención –dile al adicto que salga adelante, o déjalo. Su mensaje es que a un adicto que no deje de consumir hay que hacerle el quite. Es la lógica de la guerra contra las drogas, llevado a nuestra vida privada. Pero aprendí que en realidad, esto sólo empeorará su adicción, y puedes perderlo por completo. Llegué a casa decidido a acercar a los adictos en mi vida más que nunca, para que sepan que los amo incondicionalmente, ya sea que se detengan o no.

Cuando regresé de mi viaje largo, miré a mi ex novio, quien está en periodo de abstinencia, temblando en mi cama, y lo miré con otros ojos. Durante un siglo, hemos estado cantando canciones de guerra sobre los adictos. Se me ocurrió que, mientras le limpiaba la frente, deberíamos haberles estado cantando canciones de amor todo el tiempo.

Visto en Huffington Post.

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