Estrategias de conflicto para personas amables

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Si eres de las personas que evita los conflictos la mayoría del tiempo por considerarse un pacifista o no querer contribuir a la negatividad del grupo, te contamos que no está bien. En el artículo de la psicóloga y autora Liane Davey, te mostramos por qué sí debes discutir:

¿Valoras las relaciones amistosas con tus colegas? ¿Te sientes orgulloso de ser una persona amable que nunca empezaría una pelea?  Desafortunadamente, puedes ser igual de responsable por la separación del grupo que tus compañeros de equipo más combativos. Evitar un conflicto abierto y saludable sobre los asuntos, es un problema. Si piensas que estás “sacrificándote por el bien común” manteniendo tu silencio, te estás engañando.

Los equipos necesitan conflicto para funcionar de forma efectiva, éstos permiten que el equipo lidie con situaciones difíciles, sintetice diferentes perspectivas y asegure que las soluciones sean bien pensadas. Si bien son incómodos, son la fuente de la verdadera innovación y también un proceso crítico para identificar y mitigar riesgos.

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Aun así, todos los días me encuentro con personas que se preocupan de herir los sentimientos de alguien o afectar la armonía de la dinámica en el equipo. Les inquieta que su perspectiva no es tan válida como la de otro, así que guardan silencio. No dar tu opinión honesta sí podría ayudarte a mantener la imagen de buena persona, pero lo haces sacrificando la oportunidad de dar tu perspectiva, desafiar suposiciones equivocadas o resaltar riesgos escondidos. Ese es un alto precio a pagar por ser amable.

Para superar estos problemas, necesitamos una nueva definición del concepto, en la cual no escondes tus diferencias en opinión, discutes los asuntos incómodos y pones las cosas en la mesa cuando pueden ayudar a que tu equipo avance.

El secreto de tener conflictos saludables y mantener tu imagen, está en la mentalidad y la entrega del mensaje. Para empezar a cambiar esto, considera tu valor para el equipo no en cuántas veces estés de acuerdo sino en cuántas veces añades un valor único. Si todo lo que haces es estar de acuerdo con tus compañeros, eres redundante, así que empieza a decirte: “es mi obligación dar una perspectiva diferente a los demás”.

Estos son algunos consejos para mejorar la entrega del mensaje:

1. Usa “Y” en vez de “PERO”

Cuando necesitas estar en desacuerdo con alguien, expresa tu opinión contraria como un “Y”. No es necesario que alguien esté equivocado para tú estar en lo correcto.  No intentes ganarle a un compañero cuando te sorprenda lo que diga, sino que añade tu punto de vista: “Tú piensas que debemos dejar parte del presupuesto para un evento con los clientes “Y” me preocupa que necesitamos ese dinero para entrenar a los empleados ¿Cuáles son nuestras opciones?” Esto logrará que empiecen a resolver problemas juntos, colaborando y no combatiendo.


2. Usa hipotéticos

No enfrentes directamente a alguien cuando esté en desacuerdo contigo, sino que es mejor utilizar la táctica de preguntar situaciones hipotéticas y hacerlos imaginar. Si tus ideas encuentran resistencia, intenta pedir a tus compañeros que imaginen un escenario distinto: “Entiendo tu preocupación sobre conseguir a los vendedores adecuados para esta campaña. Si consiguiéramos a las personas indicada ¿Cómo se vería la campaña?”


3. Pregunta sobre el impacto

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Dirigir preguntas abiertas también es útil. Si te preocupa un procedimiento, pídeles que piensen en el impacto de implementar tal plan: “Estamos contemplando lanzar este producto solo a cliente dentro de los EE.UU. ¿Qué pensarán de esto nuestros dos grandes clientes en América Latina?”.  Este enfoque es mucho menos agresivo que decir “nuestro clientes latinoamericanos se van a enfurecer”. La conversación se abrirá cada vez que demuestres curiosidad por el procedimiento y aceptes recibir ideas.


4. Discute el problema subyacente

Muchos conflictos en un equipo se salen de control porque las parten involucradas no están en la misma página. Si estás en desacuerdo con un procedimiento propuesto, en vez de quejarte sobre la solución, intenta entender su razonamiento. Si logras comprenderlo, podrás encontrar otra manera de lograr el mismo objetivo: “Me sorprende tu sugerencia de entregar las cifras de ventas a todo el equipo ¿Qué buscas lograr con eso?”. Muchas veces las discusiones surgen cuando una persona intenta solucionar un problema sin pensar lo suficiente sobre sus opciones o el impacto de ellas. Si estás de acuerdo que el dilema que quieren arreglar es importante, tendrán un punto en común desde el cual empezar a trabajar.


5. Pide ayuda

Otra táctica para un “conflicto amable” es ser medianamente autocrítico y asumir el malentendido. Si algo realmente te sorprende (por ejemplo, no puedes creer que alguien proponga una cosa tan loca), dilo. “Hay algo que no estoy viendo. Dime cómo esto solucionará nuestra brecha de ventas para el primer trimestre”. Si la idea de la persona no tiene fundamento, una serie de preguntas abiertas y genuinas darán a otros compañeros la oportunidad de guiar el plan en otra dirección.

Original.

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