Los enojones recuerdan mejor los detalles

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¿Recuerdas cuando fue la última vez que tuviste que lidiar con una situación de atención al cliente? Quizás intentaste tomar una cita con el doctor y había poca disponibilidad horaria, o tal vez estuviste hablando con una persona del banco sobre tu tarjeta de crédito para que te perdonaran un pago que habías hecho tarde. Quizás hablaste con alguien de una aerolínea con la esperanza de conseguir mejores asientos ¿Usaste un tono cálido y fuiste más simpático? o ¿Alzaste la voz y hablaste con agresividad? Eres una persona amable, así que probablemente escogiste la ruta de la simpatía. Lo que más nos cuesta soportar, es que esos gritones consiguen lo que quieren.

Aunque este tipo de personalidad resulta poco placentera, puede ser tremendamente efectiva. La agilidad psicológica que defendemos aquí expandirá tu repertorio dándote acceso a un método más fuerte, más directo y, a veces, más efectivo. Probablemente estés evitando esta estrategia porque crees que ser negativo es, simplemente, malo. Puede que pienses que las personas agresivas, hostiles o simplemente malas, son imbéciles y no quieres ser uno de ellos. Las buenas noticias es que todo ese rango de negatividad, y déjame aclarar que es beneficiosa, no tiene nada que ver con ser un imbécil.

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Las emociones negativas también pueden ayudarte a centrarte en una situación con la que estés lidiando. Cuando estás a punto de hacer un agujero en la pared es posible que te fijes en las mediciones involucradas así como también en la posición de tu mano. La ansiedad que se asocia con los riesgos que se puedan generar, te empuja a taladrar en el lugar exacto.

Una investigación llevada a cabo por Kate Harkness de la Universidad de Queen, demuestra que las personas que más sufren de estados de ánimo depresivos tienden a fijarse más en los detalles. Esto es particularmente real cuando se trata de expresiones faciales, donde los individuos más felices suelen ver las cosas generales (tienes una nariz, un par de ojos y pareciera que tus cejas están levantadas), mientras que las personas menos animadas tenían muy buena vista cuando se trataba de las expresiones del rostro, se daban cuenta del más mínimo movimiento de un labio y podían notar hasta el más pequeño cierre de ojos. Esta es la razón por la cual cuando discutes con tu pareja te fijas hasta en los cambios más pequeños y cosas que nunca antes hubieses apreciado si tuvieras buen humor.

Así que, si las personas felices ven las cosas de forma general, lo que los lleva a tener interacciones más cómodas, entonces ¿no deberíamos sentirnos más satisfechos con su método de “casi lo conseguí”? Bueno, por supuesto que no ¿De verdad preferirías tener un abogado feliz y simpático en lugar de uno con mal humor que pueda detectar todos los problemas que tiene el contrato nuevo? Nosotros tampoco.

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El ambiente en el control del tráfico aéreo suele ser negativo. Esto se debe en parte a que esta industria se relaciona con la seguridad, por lo tanto, un error puede generar grandes consecuencias. Si se trata de uno pequeño, las equivocaciones pueden generar demoras y complicaciones logísticas, pero si es uno grave, los costos pueden generar pérdidas de decenas de millones de dólares y cientos de personas muertas. Trabajar controlando el tráfico aéreo requiere atención a los detalles, ya que esos pequeños puntos en el radar son realmente aviones, cada uno con su propio número, altitud, velocidad y plan de vuelo. Las emociones negativas tales como la ansiedad y los recelos pueden generar mayor atención, haciendo que la mente se centre sólo en los detalles importantes. No existe la posibilidad de que algo sea “suficientemente bueno”, tomando en cuenta de que cuando todo sale bien en la torre de control, nadie lo nota; la gente sólo se da cuenta cuando las cosas salen mal.

Greg Petto, un controlador de tráfico aéreo de Louisville, Kentucky, comentó a Science of Us que es un trabajo estresante, donde los aviones que se acercan a un radio de 5 kilómetros el uno del otro, están demasiado cerca. Petto describe el cuarto del radar como un “dojo”, la palabra japonesa que representa un cuarto de entrenamiento para artes marciales. Los controladores se encargan de 700 vuelos todos los días y la hora más ocupada es a media noche, cuando los jets locales de Federal Express vuelan en números records.

Sin importar lo orgulloso que se siente de su trabajo, Petto es el primero en admitir que existe una negatividad que viene con los controladores. Pueden ser pesados o competitivos cuando generan resultados parecidos. “La manera en que nos manejamos es burlándonos de los demás, yéndonos a casa a orar o bebiendo alcohol. Todo esto depende de tu influencia cultural”, explicó Petto a SOU.

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Es importante quedarse aquí un segundo y darse cuenta de que una gran parte de las personas tiene una idea equivocada respecto a las emociones negativas. Ellos usualmente separan la experiencia de los sentimientos negativos de la expresión de los mismos. La mayoría de las personas aceptan de manera rápida que sentirse mal es una experiencia psicológica válida e incluso inevitable.

Por otro lado, expresar frustración o quizás demasiada tristeza, es como una condena para los chicos. Es como si esperáramos reaccionar como computadores, cuyos procesos internos están escondidos y separados de lo que aparece en la pantalla. Esta actitud existe en diversas culturas y en grados diferentes, es parte de la idea de que es más fácil vivir en una sociedad donde las personas sonríen que coexistir con personas que se la pasan gritando.

Pero olvidamos que las expresiones emocionales existen por una razón, son una forma importante para comunicarnos con los demás. Un ceño fruncido les advierte a los demás que no estás de humor (y a veces no lo estás). Un jadeo de miedo tiene un efecto contagioso que puede hacer a los otros observadores sentir un choque de adrenalina y mirar nerviosos a su alrededor. Expresar nuestros sentimientos, tiene mucho que ver con la experiencia emocional humana.

Visto en Science of Us.

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