Por qué nos jactamos de estar ocupados

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Greg McKeown, autor del bestseller del New York Times, Essentialism: The Disciplined Persuit of Less, detalla por qué la gente constantemente se jacta de estar ocupada.

Tenemos un problema, y lo extraño es que no sólo lo sabemos sino que lo celebramos. Sólo hoy, alguien me alardeó que estaba tan ocupada que en promedio había dormido cuatro horas por noche, las últimas dos semanas. No se estaba quejando, estaba orgullosa. Y no es la única.

¿Por qué las personas normalmente racionales son tan irracionales en su comportamiento? Creo que la respuesta es que vivimos en una burbuja, una tan grande que simplemente vivir en el mundo desarrollado significa ser afectado, o infectado, por ella.  En la burbuja de las burbujas: no solo refleja las pasadas burbujas (ya sea del tipo tulipomanía, Silicon Valley o de bienes raíces), sino que también las afianza a todas. La llamo “la burbuja más.”

La naturaleza de las burbujas es que algún bien es absurdamente sobrevalorado hasta que, eventualmente, la burbuja explota y nos quedamos rascando nuestras cabezas preguntándonos por qué fuimos tan irracionalmente exuberantes en primer lugar.  El bien que estamos sobrevalorando ahora es la noción de hacerlo todo, tenerlo todo y lograrlo todo. Lo que Jim Collins llamó “la búsqueda indisciplinada por más”.

Esta burbuja es habilitada por una alianza terrorífica de tres poderosas tendencias: Smartphones, redes sociales y consumismo extremo.  El resultado no es sólo una sobrecarga de información, sino también de opinión. Estamos más conscientes que en cualquier otro punto en la historia de lo que hacen los demás y, por lo tanto, lo que “deberíamos” estar haciendo. En el proceso, hemos comprado una ley de bienes: El éxito quiere decir ser súperhombres y súpermujeres que pueden hacerlo todo. Por supuesto, nos jactamos con falsa humildad que estamos ocupados, ya que pareciera ser el código para ser exitoso e importante.

No sólo somos adictos a la droga de más, sino que también la vendemos. En la carrera para que nuestros hijos entren a una “buena universidad” hemos añadido una absurda cantidad de tareas, deportes, equipos, bailes y de actividades extra programáticas ad infinitum.  Y con ellas, el estar ocupado, la falta de sueño y el estrés.

De manera universal, nuestra respuesta al problema de más siempre es más. Necesitamos más tecnología para crear más tecnología. Necesitamos subcontratar a más personas para hacer más cosas y así tener tiempo para hacer todavía más.

Afortunadamente, hay un antídoto a la búsqueda indisciplinada por más: la búsqueda disciplinada por menos, pero mejor. Un número creciente de personas está haciendo este cambio. Llamo a estar personas los “esencialistas”.

Ellos están diseñando su vida alrededor de lo que es esencial y eliminando todo lo demás. Estas personas salen a caminar en las mañanas y reflexionan, negocian para tener fines de semana de verdad (es decir, sin trabajo), apagan sus aparatos electrónicos por periodos definidos todas las noches y crean zonas libres de tecnología en sus hogares. Cambian tiempo en Facebook por llamar a aquellos pocos amigos que realmente les importan. En vez de correr de un lado a otro en reuniones, agendan tiempo para realizar tareas importantes.

La oleada del “movimiento esencialista” está sobre nosotros. Incluso nuestras compañías están compitiendo entre ellas para lograr esto: Desde cápsulas para dormir en Google a cuartos de meditación en Twitter. En la asamblea anual del Foro Económico Mundial es Davos este año, había, por primera vez, docenas de sesiones sobre concientización. La revista TIME no llama a esto un movimiento, sino que lo categoriza como una “Revolución”.

Una razón es porque se siente mucho mejor que ser un no-esencialista.  ¿Conoces ese sentimiento cuando guardas en una caja la ropa que ya no usas y la regalas? Nos deshacemos de un closet atestado. Nos sentimos más libres. ¿No sería genial tener esa sensación como un decreto en nuestras vidas? ¿No sería liberador y energizante limpiar los closets de nuestra vida atiborrada y regalar los ítems no esenciales, para poder enfocar nuestra atención en las pocas cosas que realmente importan?

Las personas están empezando a darse cuando que cuando la “burbuja más” reviente, y lo hará, sentiremos que hemos malgastado nuestro precioso tiempo en la tierra haciendo cosas sin ningún valor. Despertaremos para notar que hemos renunciado a las pocas cosas que realmente importante por el bien de las muchas cosas triviales que no. Despertaremos al hechos que una vida atiborrada es tan vacía como las casas embargadas tras la burbuja de bienes raíces.

Aquí hay algunos simples pasos para ser un poco más esencialista:

1. Agenda una salida personal trimestral. Las compañías invierten en reuniones trimestrales fuera del lugar de trabajo porque hay un valor en salir de las operaciones cotidianas para realizar preguntas más estratégicas.  De forma similar, si queremos evitar explotar con las cosas triviales, necesitamos tomarnos una vez cada trimestre para reflexionar sobre qué es esencial y qué no lo es.  Para mí ha sido útil aplicar la “regla de tres”:  Cada tres meses tomas tres horas para identificar las tres cosas que quieres llevar a cabo en los próximos tres meses.

2. Descansa bien para sobresalir. K. Anders Ericsson en su libro “The Role of Deliberate Practice in the Acquisition of Expert Performance” encontró que una importante diferencia entre los buenos y excelentes intérpretes era el número de horas que pasaban practicando. Este hallazgo fue popularizado por Malcolm Gladwell como la “regla de las 10.000 horas” Lo que pocas personas notan es que el segundo factor con mayor correlación para distinguir los buenos de los grandes es cuánto tiempo duermen. Como Ericsson indica, los mejores violinistas dormían más que los menos dotados: En promedios 8,6 horas de sueño todos los días.

3. Pon fecha de vencimiento a las nuevas actividades. Las tradiciones tienen un rol importante en la creación de relaciones y recuerdos. Sin embargo, no todas las nuevas actividades tienen que convertirse en tradición. La próxima vez que tengas un evento exitoso, disfrútalo, crea el recuerdo, y sigue avanzando.

4. Di no a una buena oportunidad todas las semanas. Que te hayan invitado a hacer algo no es una razón suficientemente buena para hacerlo. Al sentirse empoderada por el esencialismo, una ejecutiva rechazó la oportunidad de desempeñarse en un consejo donde habría pasado 10 horas a la semana por los próximos 2 a 3 años. Ella dijo que se sintió completamente liberada cuando lo rechazó.  Es contraproducente decir que no a las buenas oportunidades, pero si no lo hacemos no tendremos espacio para darnos cuenta en que realmente queremos invertir nuestro tiempo.

En cien años, cuando las personas observen este periodo, se asombrarán de la estupidez de todo: El estrés, las náuseas y el abandono de nosotros mismos al que nos sometemos.

Así que tenemos dos opciones. Podemos estar entre las personas atrapados en la “burbuja más” cuando reviente, o podemos reconocer la locura por lo que es y unirnos a la creciente comunidad de esencialistas y obtener más de lo que importa para nuestra única preciosa vida

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