¿Tu empresa te hace mejor persona?

121353352
Síguenos en Facebook

Por Robert Kegan, Lisa Lahey y Andy Fleming

Nos desanima mucho cuando las personas hablan sobre sus luchas para equilibrar sus trabajos y vidas personales. Como explicó un ejecutivo de una empresa de alto rendimiento que hemos estudiado, “si el trabajo y la vida son cosas separadas -y el trabajo previene que vivas- entonces tenemos un serio problema.” En nuestra investigación sobre lo que llamamos Organizaciones Deliberadamente Desarrolladoras, (o DDO por sus siglas en inglés) hemos identificado exitosas organizaciones que consideran que este trueque es falso. ¿Qué pasaría si viéramos el trabajo como un contexto esencial para el desarrollo personal? ¿Y si el continuo desarrollo de los empleados fuera un ingrediente crítico para el éxito de la empresa?

Las compañías que llamamos DDO están, de hecho, construidas en torno a la simple pero radical convicción que la organización sólo puede prosperar si su cultura se diseña desde sus bases para permitir el desarrollo permanente de todos sus integrantes. Es decir, una empresa no puede alcanzar sus mayores aspiraciones comerciales a menos que las personas constantemente crezcan a través de sus trabajos.

¿Cómo es trabajar en una empresa así? Imagina llegar al trabajo todos los días sabiendo que además de trabajar en proyectos, problemas y productos, estás constantemente trabajando en ti mismo.  Cualquier reunión puede ser un contexto en el cual se te pedirá progresar eliminando tus propios puntos ciegos y las maneras en las que tiendes a obstaculizar tu propio camino, que hace que sin darte cuenta estés limitando tu efectividad.

Ya sea que evites los conflictos, escondas tus ineptitudes del resto o actúes a menudo sin pensar, tú y tus colegas pasarán tiempo identificando y superando estos patrones como parte de hacer bien su trabajo. Junto a otros, a través de reuniones, sesiones individuales, y durante el curso de tu trabajo cotidiano, también buscarás llegar a la raíz de las causas de estos patrones y continuamente concebirás diferentes maneras de hacer las cosas y ver cómo resultan.

En una DDO, las causas de raíz casi siempre tienen que ver con la vida interior de las personas, con suposiciones injustificadas que no han sido examinadas y que llevan a maneras habituales de comportamiento. Y ningún ejecutivo o líder (sin importar su posición) es inmune a este mismo análisis. Cuando se trata del desarrollo constante, el rango no tiene los usuales privilegios.

En la organización común, cada persona está realizando un segundo trabajo sin paga: encubriendo sus debilidades y deficiencias, manejando las impresiones de terceros sobre ellos y preservando una posición que sentirían más precaria si las personas no siempre los vieran en sus mejores momentos. En una DDO, esto se considera el mayor despilfarro de recursos en la vida organizacional.

Imagina trabajar en un lugar donde no se presumiera que tus debilidades son vergonzosas sino que fueran potenciales ventajas para un desarrollo continuo, donde los desafíos de la empresa fueran nuevas oportunidades para poner a prueba un enfoque más efectivo para resolver un problema, donde sin importar qué tan efectivo eras en tu trabajo, siempre puedes seguir avanzado hacia mayores niveles de capacidad.

Imagina trabajar en un lugar donde la definición de “indicado para” entre una persona y el trabajo fuera “todavía no tiene todas las habilidades necesarias para desempeñar el puesto en un alto nivel, pero le ayudaremos a desarrollarlas, y cuando las tenga estará sobrecalificado y deberemos buscarle otro puesto.”

Una implicancia de nuestro trabajo para las empresas que buscan ser culturas de gran rendimiento se resume en esta pregunta:  ¿Continuarías relegando el desarrollo de tus empleados (e, inevitablemente solo una fracción de ellos) a programas de entrenamiento ocasionales, instructores ejecutivos, programas de alto potencial, y si pudieras volver las operaciones de tu organización en el plan de estudios y a tu empresa el salón de clases más convincente de tu sector?

Ser parte de tal organización no siempre es fácil, pero el ambiente creado por el enfoque en el desarrollo dentro del lugar de trabajo de manera universal (abarcando a todos los puestos y funciones) y continuo (haciéndolo habitual) desata algunas sorprendentes cualidades: Compasión junto a una severa introspección y solidaridad organizacional que viene del trabajo colectivo en pos de la autosuperación. Esto crea una vitalidad distinta en el trabajo: Un trabajo y una vida integrados y no simplemente equilibrados.

Síguenos en Facebook