Una palabra que los emprendedores exitosos nunca usan

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Existe una palabra que los emprendedores exitosos nunca usan y tú tampoco deberías. Para que descubras cuál es, a continuación te dejamos el artículo de John Brandon:

En 1991, yo estaba trabajando en una pequeña compañía minorista de madera en St. Paul, como un diseñador gráfico menor. Cada día prendía un viejo y desgastado Mac, y utilizaba algún programa de diseño arcaico que ya ni siquiera existe, escribía y copiaba directamente en la página y arreglaba algunos gráficos. Era un trabajo mundano, pero yo era parte de un pequeño equipo que producía todo el material de mercadeo para las tiendas, y nuestros servicios eran altamente demandados. Me contrataron saliendo de la universidad a un salario de US$ 19 mil al año. A menudo, cuando mi cheque llegaba a la oficina, me quedaba mirándole e imaginando si ellos podían agregarle un par de dígitos. En ese momento no sabía que la compañía estaba en serios problemas, pero eventualmente empezaron a despedir gente a diestra y siniestra (esto es, primero a la persona que sentaba a mi derecha y luego la que se sentaba a mi izquierda). Incluso mi jefe y su jefe fueron despedidos. A mí me dejaron para que manejara el departamento yo solo, pero eventualmente, la oficina corporativa completa fue cerrada. Cuando llegué a casa para contarle a mi mujer que había sido despedido, me dijo que levantara el ánimo y que empezara a buscar un nuevo empleo.

Yo tenía otras ideas. Un amigo en la compañía maderera estaba pensando en iniciar un nuevo negocio. Me llamó y dijo que necesitaba a un diseñador. Entonces, arrendamos una oficina minúscula en la parte trasera de una antigua tienda y agregamos nuestro número telefónico a la guía. Con muchas esperanzas, comenzamos a reunirnos con potenciales clientes, hicimos un logo y compramos algunos escritorios. Luego, nuestra compañía fracasó luego de solo un mes. Nuestro vendedor no estaba demasiado interesado en realizar su trabajo, nosotros no teníamos ni idea de cómo manejar un negocio y nunca estuvimos los suficientemente comprometidos para construir la compañía. Pero creo que había un problema más serio.

Usamos la palabra fracaso.

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Recuerdo las conversaciones con facilidad, principalmente porque no teníamos nada más de que conversar en ese tiempo. La compañía había “fracasado” en alcanzar su potencial. Habíamos “fracasado” en atraer nuevos clientes. Habíamos “fracasado” en promocionar nuestros servicios en la industria. Habíamos aceptado que no nos quedaba otra opción que cerrar el negocio.

Había una sensación de que, incluso solo después de una o dos semanas, el fracaso era una opción. Era como si todos hubiéramos comprado una camiseta con la palabra fracaso impresa en letras gruesas con una flecha apuntando hacia arriba. Aceptamos nuestra desaparición. En vez de resolver algunos de esos problemas iniciales como contratar a un nuevo vendedor, tomar clases vespertinas de gestión de negocios, evaluar con mayor profundidad nuestras motivaciones personales y establecer metas de largo plazo, decidimos bajar el telón.

¿Es el fracaso una opción para ti? Si estás comenzando un negocio en este momento, date cuenta de que hay una palabra que los emprendedores exitosos nunca usan. Simplemente no está en su diccionario. La palabra fracaso es tan desconocida para aquellos que comienzan una compañía exitosa como cualquier otra palabra.

Afortunadamente, terminé consiguiendo un trabajo en otra compañía que estaba recién comenzando, una que sigue existiendo el día de hoy. Subí por los distintos niveles de la compañía y encontré mi llamado a ser líder en los equipos de diseño y redacción. Esos años fueron de gran crecimiento para mí: Aprendí a manejar grandes grupos de gente, a llevar a cabo proyectos desde su concepción hasta su término y a resolver problemas sin dejar de que maceraran por demasiado tiempo. Sin embargo, en 2001, fui despedido nuevamente luego de los ataques de 9/11, dado que la industria empezó a preocuparse del potencial de crecimiento. Esta vez, yo me encontraba mucho más arriba en la jerarquía de remuneraciones. Increíblemente, incluso en esa etapa de mi vida laboral, me vi tentado a usar la palabra fracaso y a meterme en una zanja.

Pero no pasó. Había dejado de usar esa palabra.

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Claro, mi mujer nuevamente me dijo que levantara el ánimo, pero esta vez, efectivamente no dejé que me desanimara. He estado trabajando sin parar como un escritor profesional desde entonces. Nunca califiqué como fracaso el que me echaran del mundo corporativo. De hecho, utilicé la experiencia de ser echado como una oportunidad y la convertí en un éxito. La palabra fracaso nunca llegó a mis labios.

Visto en INC

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