Usa la neurociencia para mantener la calma bajo presión

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No es que la gente calmada nazca de esa manera, ya que no es un rasgo propio del carácter, sino que tú eres el responsable de dominar esta habilidad. Al menos eso ha revelado recientemente la neurociencia. Para que aprendas a mantenerte sereno te dejamos a continuación unos consejos:

1. Entender de bioquímica

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Lo contrario a mantener la calma es el estado de “pelear o correr”, es una reacción fisiológica en respuesta a un evento que percibe daño, un ataque o una ofensiva a la sobrevivencia.

Ésta comienza cuando dos segmentos de tu cerebro llamado “cuerpo amigdalino” interpretan una situación como una amenaza, la cual causa que tu cerebro secrete hormonas que le dicen al sistema nervioso que preparen a tu cuerpo para tomar acciones drásticas. Se te va la respiración, tu cuerpo llena a tus músculos de sangre, tu visión periférica empeora, entre otros.

En otras palabras, tu cuerpo se sobreexcita y le dice a tu mente “¡Sí, esto es realmente una amenaza!”. Te pones histérico. En este estado, las posibilidades de que digas algo estúpido o te paralices de miedo como un ciervo frente a las luces de un auto, son extremadamente altas.


2. Pon una etiqueta a tus emociones

Ya sabes que la reacción de pelear o correr empieza en el cuerpo amigdalino, que es donde tu cerebro procesa tu memoria, interpreta tus emociones y hace lo que comúnmente (e inapropiadamente) se conoce como decisiones “desde el estómago”.

Para calmarte y mantenerte tranquilo, necesitas detener esa retroalimentación. Puedes reducir las señales peligrosas si les asignas nombres o etiquetas a tus emociones. Como Jon Pratlett, un pionero que usa la neurociencia para entrenar líderes, comentó que hacer eso “podría ayudar a calmar el cuerpo amigdalino y liberar energía que te permita pensar más claramente sobre el conflicto mismo en vez de preocuparte”.


3. Calma tu respiración

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Ya detuviste a la parte de tu cerebro que te daba esa retroalimentación. Ahora debes interrumpir a la parte de tu cuerpo que también influye en ella, por lo que deberás respirar lento y profundo, contando de 1 a 10 a medida que inhalas y haz lo mismo cuando exhales. 

Hacer esto le dará más energía a tus pulmones y torrente sanguíneo, que es exactamente lo opuesto de la reacción “pelear” o “correr”, ya que le dices a tu cerebro que no es necesario aumentar la intensidad.

De acuerdo con Esther Sternberg, una física e investigadora en el Instituto Nacional de la Salud Mental, citada en un artículo de NRP.com, la respiración tranquila y profunda “estimula la reacción parasimpática opuesta, aquella que nos tranquiliza”.


4. Re-etiqueta tus emociones

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En este punto, haz interrumpido la retroalimentación en dos niveles. Ahora, eliminarás el ímpetu emocional que creó la respuesta de correr o pelear.

Repasa la lista que identificaste en el paso 2 y asígnales etiquetas positivas en lugar de negativas. Por ejemplo:

-Miedo = Anticipación

-Frustración = Deseo

-Preocupación = Cuidado

-Miedo = Cuidado

-Nervios = Excitación

-Alarmado = Curioso

-Presionado = Cortejado

Cuando re-etiquetes tus emociones, estarás usando partes controlables de tu cerebro para convencer a tu cuerpo amigdalino que no es una situación de “correr o pelear” sino en lugar de eso es una situación de “mantente despierto y atento” o hasta una situación de “relájate y disfruta”.

A medida que continúes respirando lento y profundo manteniendo las emociones re etiquetadas en tu cabeza, fíjate en la velocidad que tu corazón late. Descubrirás que gradualmente vuelve a ir a un ritmo normal. Haz restablecido la calma.

Mientras que la técnica requiere un poco de práctica, vale la pena el esfuerzo, porque te convertirá en un líder más efectivo al aumentar considerablemente tu habilidad de disfrutar las bajas y el flujo de presión del lugar de trabajo.

Original.

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