Retratos de reconciliación: 20 años después del genocidio de Ruanda

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20 años después del genocidio en Ruanda la reconciliación aún sucede, un encuentro a la vez.

El mes pasado, el fotógrafo Pieter Hugo fue al sur de Ruanda, dos décadas después de que casi un millón de personas fueran asesinadas durante el genocidio del país, y capturó una serie de difíciles, casi impensables fotografías. En una, una mujer descansa su cabeza en los hombros de quien asesinó a su padre y hermanos. En otro, una mujer posa con un hombre casualmente reclinado quien saqueó su propiedad y cuyo padre ayudó en el asesinato de su marido e hijos. En muchas de estas fotografías, se evidencia poca calidez entre los pares, y sin embargo allí están, juntos. En cada una, el perpetrador es un Hutu absuelto por el Tutsi, sobreviviente de su crimen.

Las personas que accedieron a ser fotografiadas son parte de un continuo esfuerzo nacional hacia la reconciliación que se realiza de cerca con AMI (asociación modesto e inocente), una organización sin fines de lucro. En el programa de AMI, pequeños grupos de Hutus y Tutsis son asesorados durante varios meses, culminando en la petición formal de perdón por parte del perpetrador.  Si el sobreviviente concede el perdón, el perpetrador junto a su familia y amigos normalmente entregan una canasta de ofrendas, usualmente comida y sorgo o cerveza de banana.  El acuerdo se sella con una canción y un baile.

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Jean Pierre Karenzi – Perpetrador (izquierda)

Viviane Nyiramana – Sobreviviente

Karenzi: “Mi conciencia no estaba tranquila, y cuando la veía me daba mucha vergüenza.  Después de aprender acerca de la unidad y la reconciliación, fui a su casa y le pedí perdón.  Luego le estreché la mano. Hasta ahora estamos en buenos términos.”

Nyiramana: “Él asesinó a mi padre y a mis tres hermanos.  Hizo todo esto con otras personas, pero se acercó por su cuenta y me pidió perdón. Él y un grupo de otros criminales que habían estado en prisión me ayudaron a construir una casa con un techo cubierto. Tenía miedo, ahora que le he concedido el perdón las cosas se han vuelto normales, y en mi mente me siento despejada.”


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Godefroid Mudaheranwa – Perpetrador (izquierda)

Evasta Mukanyandwi – Sobreviviente

Mudaheranwa: “Quemé su casa.  La ataqué para asesinarla a ella y a sus hijos, pero Dios los protegió y escaparon.  Después de salir de la cárcel, si la veía, corría y me escondía.  Luego AMI empezó y nos entrenaron. Decidí pedirle perdón.  Agradecemos a Dios por tener una buena relación con la persona a quien le hiciste una maldad.”

Mukanyandwi: “Antes lo odiaba. Cuando vino a mi casa, se arrodilló y me pidió perdón, su sinceridad me conmovió. Ahora si necesito ayuda, él viene a rescatarme.  Cuando tengo un problema, lo llamo.”


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Juvenal Nzabamwita – Perpetrador (derecha)

Cansilde Kampundu – Sobreviviente

Nzabamwita: “Dañé y saqueé su propiedad.  Pasé nueve años y medio en la cárcel. Me educaron sobre el bien y el mal antes de ser puesto en libertad. Y cuando volví a casa, pensé que sería bueno acercarme a la persona contra quien cometí fechorías y pedir perdón. Le dije que la apoyaría, con todos los medios a mi disposición. Mi propio padre estuvo involucrado en la matanza de sus hijos.  Cuando supe que mi padre se había comportado con malicia, también le pedí perdón profusamente por eso.”

Kampundu: “Mi marido estaba escondido, y hombres lo encontraron y lo asesinaron un martes.  El martes siguiente, volvieron y asesinaron a mis dos hijos.  Esperaba que mis hijas se salvaran, pero las llevaron a la aldea de mi marido y las mataron y las arrojaron en la letrina.  No las pude sacar de ese hoyo. Me arrodillé y recé por ellas junto a mi hermano menor, y cubrí la letrina con tierra. La razón por la que concedí el perdón es porque me di cuenta que nunca recuperaría a mis amados que había perdido. No podía vivir una vida solitaria, y me pregunté, si estaba enferma quién se quedaría a mi lado, y si estaba en problemas y pedía ayudaba, ¿quién me rescataría? Preferí conceder el perdón.”


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Deogratias Habyarimana – Perpetrador (derecha)

Cesarie Mukabutera – Sobreviviente

Habyarimana: “Cuando todavía estaba en la cárcel, el presidente Kagame declaró que los prisioneros que se declararan culpables y pidieran perdón serían puestos en libertad. Fui uno de los primeros en hacer esto. Una vez estaba afuera, también fue necesario pedir perdón a la víctima.  La madre Mukabutera Caesarea no tenía cómo saber que estuve involucrado en el asesinato de sus hijos, pero le dije lo que había sucedido.  Cuando me concedió el perdón, todas las cosas en mi corazón que habían hecho que me viera como un hombre malvado se desvanecieron.”

Mukabutera: “Muchos entre nosotros han experimentado la maldad de la guerra muchas veces, y me estaba pregunto para qué fui creada.  Una voz interna solía decirme, “no es justo vengar a tus amados.” Tomó tiempo, pero al final nos dimos cuenta de que todos somos ruandeses.  El genocidio fue a causa de un mal gobierno que puso en contra a vecinos, hermanos y hermanas.  Ahora aceptas y perdonas. La persona que has perdonado se convierte en un buen vecino. Te siente en paz y piensas con optimismo sobre el futuro.”


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François Ntambara – Perpetrador (izquierda)

Epiphanie Mukamusoni – Sobreviviente

Ntambara: “En el genocidio perpetrado en 1994, participé en el asesinato del hijo de esta mujer. Ahora somos miembros del mismo grupo de unidad y reconciliación. Compartimos todo: si ella necesita un vaso de agua, lo voy a buscar.  No hay desconfianza entre nosotros, ya sea bajo la luz del sol o durante la noche. Solía tener pesadillas sobre los tristes eventos en los que he vivido, pero ahora puedo dormir en paz. Y cuando estamos juntos, somos como hermano y hermana, no hay desconfianza entre nosotros.”

Mukamusoni: “Él mató a mi hijo, y luego me pidió perdón. Accedí de inmediato porque no lo hizo por su cuenta, estaba poseído por el diablo. Me agradó que testificara del crimen y no lo escondiera, porque duele cuando alguien esconde un crimen que ha cometido contra ti.  Antes, cuando aún no concedía el perdón, él no se podía acercar.  Lo trataba como mi enemigo. Pero ahora, preferiría tratarlo como a mi propio hijo.”


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Dominique Ndahimana – Perpetrador (izquierda)

Cansilde Munganyinka – Sobreviviente

Ndahimana: “El día en que pensé pedir perdón, me sentí aliviado y liberado. Había perdido mi humanidad por el crimen que cometí, pero ahora soy como cualquier ser humano.”

Munganyinka: “Después de ser obligada a escapar de la aldea que Dominique y otros saquearon, me volví vagabunda y demente.  Después, cuando me pidió perdón, dije: ‘No tengo con qué alimentar a mis hijos. ¿Me vas a ayudar a criar a mis hijos? ¿Construirás una casa para ellos?’ La semana siguiente, Dominique vino con algunos sobrevivientes y ex presos que participaron en el genocidio. Había más de 50, y construyeron una casa para mi familia.  Desde entonces, me he empezado a sentir mejor. Era como un palo seco, ahora siento paz en mi corazón y comparto esta experiencia con mis vecinos.”


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Laurent Nsabimana – Perpetrador (derecha)

Beatrice Mukarwambari – Sobreviviente

Nsabimana: “Participé en la destrucción de su casa porque pensamos que el dueño estaba muerto. Pensamos que era mejor destruir las casas que quedaron sin dueños para obtener leña. Su perdón me ha demostrado que es una persona de corazón puro.”

Mukarwambari:  “Si no soy testaruda, la vida sigue.  Cuando alguien se acerca a ti sin odio, a pesar de las cosas horribles que hayan sucedido, lo recibes y le das lo que está buscando.  El perdón es misericordia.”

Según Hugo, en las sesiones fotográficas las relaciones entre las víctimas y los perpetradores eran muy diversas.  Algunos pares llegaban y se sentaban juntos sin problemas, charlando acerca de chismes de la aldea.  Otros llegaban dispuestos a ser fotografiados pero incapaces de ir más allá.  “Claramente hay distintos niveles de perdón,” dijo Hugo. “En las fotografías, la distancia o proximidad que observas es bastante certera.”

En entrevistas dirigidas por AMI y Creative Court para el proyecto, los sujetos hablaron del proceso de perdón como un paso importante hacia mejorar sus vidas. “Estas personas no pueden ir a otras partes, deben reconciliarse,” explicó Hugo. “El perdón no surge de un sentido etéreo y mágico de benevolencia.  Sino que se debe más a un instinto de sobrevivencia.”  Aun así, la necesidad práctica por reconciliación no resta valor a la fuerza emocional requerida por estos ruandeses para olvidar lo que sucedió, o, si vamos al caso, para ser fotografiados lado a lado.

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Sinzikiramuka, perpetrador, (izquierda): “Le pedí perdón porque su hermano fue asesinado en mi presencia. Me preguntó por qué me declaré culpable y respondí que lo hice como alguien testigo del crimen pero incapaz de salvar siquiera a una persona. Fue una orden de las autoridades. Le informé quienes eran los asesinos, y los asesinos también pidieron perdón.”

Karorero, sobreviviente: “A veces la justicia no entrega una respuesta satisfactoria, los casos están sujetos a la corrupción. Pero cuando se trata del perdón concedido voluntariamente, finalmente te sientes satisfecho. Si alguien está lleno de enojo, puede perder la cabeza. Pero cuando concedí el perdón, sentí a mi mente en paz.”

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