Cómo un puesto de limonada enseñó a mi hija a amar los monopolios

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Nota del editor: Este es el testimonio que Len Penzo expone en su blog.  

Cada día del padre, me gusta recordar las alegrías de la paternidad y los días en que mis hijos, hoy adolescentes, eran pequeños. Este año, me sorprendí a mí mismo mirando hacia atrás, hace varios veranos, cuando mi inteligente y negociante hija, Nina, creó un exitoso puesto de limonada en la esquina. Bueno, el éxito que se podría esperar de un puesto de limonada de una niña de 10 años de edad.

En la primera hora después de que abrió las puertas del negocio, había ganado un poco más de diez dólares vendiendo limonada – por el precio de ganga de cincuenta centavos el vaso – a los vecinos que caminaban y pasaban por su stand.

En el momento de la segunda hora, el negocio era floreciente. De hecho, iba tan bien que Nina de repente se encontró compitiendo con un segundo puesto de limonada: otro chico había instalado un stand en la esquina opuesta, muy a su pesar.

Los niños y los fundamentos del capitalismo

Todavía puedo recordar la visión divertida de la competencia de los stands como si fuera ayer. Nina no sólo tuvo que trabajar más duro cuando el segundo puesto de limonada se abrió en la calle, sino que también se vio obligada a bajar el precio. Y aunque ella continuó ganando dinero, la nueva competencia hizo que sus ingresos fueran mucho más bajos que lo que había experimentado en esa primera hora gloriosa de negocios.

Más tarde esa noche, durante la cena, Nina se quejó con nosotros acerca de cómo la competencia le había impedido ganar más dinero – demostrando que incluso los niños más pequeños son lo suficientemente sabios para entender el poder de mercado de un monopolio.

Por supuesto, cada empresario más crecido sueña con tener un monopolio virtual en el mercado también, pero sólo hay unas pocas empresas que realmente tienen la suerte de estar en esa posición.

Los puestos de limonada no son los únicos monopolios allá afuera

Hace un tiempo, leí un artículo que discute tres empresas con monopolios virtuales. Es decir, a pesar de que no controlan el 100% del mercado, dominan su nicho de mercado en un grado tal que en realidad tienen poca o ninguna competencia. Las empresas destacadas fueron: ESPN, Google, y Monsanto.

Aunque no estoy de acuerdo con el primer ejemplo de este artículo – la mayoría de la gente puede ver varios deportes en un montón de otros canales de televisión sin tener ESPN – Pensé que los otros dos daban en el clavo.

Todavía puedo pensar en algunos otros monopolios virtuales por ahí que realmente me frustran debido a la falta de competencia.

1. Radio satelital. En los Estados Unidos, solía suceder que si querías suscribirte a la radio satelital tenías dos empresas para elegir: Sirius y XM. En 2008, esas empresas se fusionaron. Ahora, si tu quieres radio satelital irás a suscribirte a Sirius XM, o no te vas a suscribir en absoluto.

2. Ticketmaster. Odio Ticketmaster. Después de todo, ellos normalmente son los únicos en la ciudad, manipulando más del 80% de toda la venta de entradas para los eventos en vivo en los Estados Unidos. Después de su fusión con Live Nation, la nueva Ticketmaster se hizo aún más poderosa, manejando los intereses de unos 350 artistas, así como exclusivas reservas en más de 125 lugares de todo el país.

3. Mi compañía de cable local. Entre 1995 y 2013, los precios de la televisión por cable se incrementaron a una tasa de crecimiento compuesto del 6,1% anual – que es más del doble de la tasa oficial de inflación en el mismo periodo. Creo que mucho de eso tiene que ver con las ciudades como la mía que otorgan franquicias de cable exclusivas dentro de sus fronteras. ¿No te gusta la compañía de cable o su servicio al cliente? ¡Perdiste!

Es tarde, así que voy a parar aquí; pero estoy seguro que tu puedes pensar en algunos otros ejemplos que probablemente pasé por alto.

Mientras que nosotros los consumidores con razón tendemos a odiar a los monopolios, la mayoría de los propietarios de negocios desean poder tener tanta suerte. Sé que Nina todavía lamenta la desaparición del suyo.

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