El Conejo emprendedor que conquistó las esquinas de Nueva York

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El testimonio de este brillante vendedor te inspirará

El emprendimiento es un camino de mucho trabajo y pocas certezas. Hay gente que estudia años para emprender y una vez en la cancha no logran los resultados esperados, mientras que otros, contando con escasas herramientas técnicas alcanzan un éxito rotundo e indiscutible. Y es que, a veces, para llevar un negocio se necesita de algo más que conocimientos técnicos. Esta es la historia de un hombre con sangre de emprendedor que valientemente aterrizó en una de las ciudades más grandes del mundo para abrirse camino al éxito, con no mucho más que motivación y un empuje realmente ejemplar.

La historia de un emprendedor 

En Chile, Luis Martinez, apodado “el conejo” por sus amigos, había sido salvavidas, junior de oficina, repartidor de películas, vendedor de corbatas, zapatos y relojes y ascensorista. Esto antes de entrar a trabajar como empleado bancario. Hacia principios de la década de los ’90, atestado por las deudas, Luis comenzó a darse cuenta de que no veía claridad sobre su futuro en Chile por lo que, sin saber una gota de inglés, con dinero para un día y sin conocer a nadie allá, compró un pasaje a Nueva York.

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Cocinero, lavó ropa y limpió vidrios

Uno de los primeros amigos que conoció allá le dio un consejo que para él fue clave. “Hay varios destinos en este país: el del trabajo, el de las fiestas, el de los amigos, la droga. Elige”. Y así Luis eligió el trabajo, y en poco tiempo pasó por el hipódromo, un lavaseco, cocinas de restaurantes y por muchas casas donde era el encargado de limpiar los vidrios. A todas partes trataba de llegar caminando, primero porque no tenía dinero y así aprovechaba de ahorrar y conocer.

El primer carro de maní

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El 12 de octubre de 1991 la suerte del Conejo cambiaría para siempre. Caminando por la calle olió maní confitado, se acercó y pidió una bolsa. El dueño del carro era chileno y lo invitó a conversar un rato. Ese día comenzó a trabajar con Jorge González, que había iniciado la aventura en un carro de maní un tanto descuidado, con poca variedad. Luis, por su parte parecía haber encontrado su profesión. Su divertida personalidad extrovertida lo llevó a superar la barrera del idioma y con su risa y humor lograba vender increíbles cantidades de maní. La aplicada planificación que ponía en todo lo que hacía dio un excelente funcionamiento a su carrito y cada día lograba superar el récord del día anterior.

Problemas de legalidad

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Sin embargo como la mayor parte de las historias, el comienzo fue muy difícil. El Conejo estaba trabajando ilegalmente en Estados Unidos y era tremendamente engorroso conseguir los documentos. Muchas veces le quitaron el carro, teniendo que empezar de cero. Debía trabajar mirando hacia atrás o de a dos personas, donde una vigilara mientras que la otra trabajaba. Aún así Luis fue persistente pues tenía convicción en la proyección del negocio.

De esta manera fue conquistando poco a poco las esquinas de Nueva York. Contrataba más chilenos para que atendieran los nuevos carros siempre preocupándose de que la atención fuera llamativa y en dar fuerza a su secreto: “el secreto del maní es el olor, un buen extracto de vainilla se hace irresistible cuando uno camina con hambre”.

Cómo alcanzar el éxito

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10 años después de aterrizar en Nueva York sin un centavo, ni ningún amigo, Luis poseía 15 carros de maní confitado, daba trabajo a más de 20 vendedores y administraba diversas esquinas en una de las ciudades más influyentes del mundo. El secreto de su éxito, según él, ha sido el trabajo duro e incesante, invertir en mejorar siempre la calidad del producto, pensar estratégicamente y por sobre todas las cosas, pensar en grande.

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