El costo sicológico del emprendimiento

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Este artículo publicado por Jessica Rudder, ganó el 2014 Annual Awards Contest, premio entregado por la asociación de Periodistas Profesionales de Nueva York, en la categoría Servicio Personal. Aplaudido por la magistral forma de presentar los problemas que cada emprendedor debe sortear antes de tocar el éxito. 

Nadie dijo que construir una empresa es algo fácil. Pero es tiempo de ser honestos sobre lo brutal que realmente es –y sobre cuál es el precio que tantos fundadores pagan en secreto.

Observándolo desde todos los ángulos, Bradley Smith es, inequívocamente, un éxito de los negocios. Es CEO de Rescue One Fianancial, una empresa de servicios financieros de California que tuvo ventas de casi 32 millones de dólares el año pasado. La compañía de Smith ha crecido un 1.400 por ciento en los últimos tres años. Así que es posible que nunca hubieses imaginado que hace solo cinco años, Smith estaba al borde de la ruina económica –y de un colapso mental.

En 2008, Smith trabajaba durante largas horas aconsejando a nerviosos clientes sobre cómo salir de sus deudas. Pero su comportamiento calmo ocultaba un secreto: Él compartía sus miedos. Al igual que ellos, Smith se hundía más y más profundamente en su deuda. Había cruzado hace mucho esa línea roja al comenzar –irónicamente– una compañía para saldar deudas. “Oía lo deprimidos y estresados que estaban mis clientes, pero en el fondo de mi cabeza pensaba para mí mismo, ‘Estoy dos veces más endeudado que tú,”’ recuerda Smith.

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Bradley Smith

Había sacado todo el dinero que tenía en su plan de retiro y había superado el máximo de una línea de crédito de 60.000 dólares. Vendió un Rolex que había comprado con el primer sueldo de su vida, el cual obtuvo trabajando como corredor de bolsas. Y se humilló ante su padre –el hombre que lo crió bajo las máximas de “el dinero no crece en los árboles” y “nunca hagas negocios con tu familia”– al pedirle 10.000 dólares, dinero que recibió con una tasa de interés de 5 por ciento luego de firmar un pagaré.

Smith proyectaba optimismo a sus co-fundadores y 10 empleados, pero sus nervios no daban más. “Mi esposa y yo compartíamos una botella de vino de 5 dólares para la cena y simplemente nos mirábamos el uno al otro”, dice Smith. “Sabíamos que estábamos cerca del precipicio”. Entonces la presión se volvió incluso más grande. La pareja descubrió que estaban esperando a su primer hijo. “Pasamos noches sin dormir, mirando el techo”, recuerda Smith. “Me despertaba a las 4 de la mañana con mi mente acelerada, pensando sobre esto y esto otro, incapaz de descansar, preguntándome “¿Cuándo van a cambiar las cosas?” Ocho meses después, viviendo en un constante estado de ansiedad, la empresa de Smith finalmente comenzó a generar ingresos.

Los emprendedores exitosos alcanzan el estatus de héroes en nuestra cultura. Idolatramos a los Mark Zuckerbergs y Elon Musks. Pero muchos de estos empresarios, tal como Smith, guardan secretos terribles. Antes de alcanzar la cima lucharon en momentos de ansiedad debilitante y desesperación –momentos en los que todo parecía irse al suelo.

“Es como ver a un hombre montado sobre un león. Las personas piensan, ‘Este hombre es valiente’. Y él piensa, ‘¿Cómo diablos logré montarme sobre este león y cómo evito que me coma?”.

Hasta hace poco, el admitir tales sentimientos era un tabú. En vez de mostrarse vulnerables, los líderes de negocios practicaban lo que los siquiatras sociales llaman “administración de imitación” –también conocido como “finge serlo hasta que lo seas”. Toby Thomas, CEO de EnSite Solutions, explica este fenómeno con su analogía favorita: un hombre montando un león. “Las personas lo miran y piensan, ‘¡Este tipo realmente lo ha logrado! ¡Qué valiente es!” dice Thomas. “Y el hombre montado sobre el león piensa, ‘¿Cómo diablos logré montarme sobre este león y cómo evito que me coma?’”

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“Es como ver a un hombre montado sobre un león. Las personas piensan, ‘Este hombre es valiente’. Y él piensa, ‘¿Cómo diablos logré montarme sobre este león y cómo evito que me coma?”.

No todos quienes caminan a través de la oscuridad logran salir de ella. En Enero, Jody Sherman, conocido fundador del sitio de comercio en línea Ecomom, se suicidó a los 47 años. Su muerte impactó a la comunidad de los startups. También encendió nuevamente la discusión sobre el emprendimiento y la salud mental que había comenzado a darse dos años atrás luego del suicidio de Ilya Zhitomirskiy, el co-fundador de Diaspora, una red social, quien solo tenía 22 años.

Últimamente, más emprendedores han comenzado a hablar sobre sus luchas internas en un intento de combatir contra el estigma de la depresión y ansiedad que hace que quienes sufran, tengan dificultades para buscar ayuda. En una publicación profundamente personal titulada “Cuando Morir Parece Ser Una Buena Opción”, Ben Huh, CEO del sitio web de humor Cheezburger Network, escribió acerca de sus pensamientos suicidas luego de un startup que fracasó en el 2001.

Sean Percival, antiguo vicepresidente de MySpace y co-fundador del startup de ropa para niños Wittlebee, escribió un artículo titulado “Cuando Nada Está Bien, Pide Ayuda” en su sitio web. “Estaba al borde del precipicio varias veces el año pasado con mi negocio y mi propia depresión” escribió. “Si sientes que estás a punto de perder el control, por favor ponte en contacto conmigo”. (Hoy, Percival insta a los empresarios afligidos que busquen ayuda profesional: Llamando a la Línea Nacional de Prevención del Suicidio)

Brad Feld, un director general del Grupo Foundry, comenzó en Octubre a escribir en su blog sobre su último episodio de depresión. El problema no era nuevo –el prominente aventurero capitalista había tenido problemas con trastornos del estado de ánimo toda su vida– y no esperaba recibir muchas respuestas. Pero luego llegaron los correos electrónicos. Cientos de ellos. Muchos de ellos de parte de empresarios quienes también habían batallado con la ansiedad y angustia. (Para conocer más de los pensamientos de Feld sobre la depresión, ve su columna “Sobreviviendo a las Noches Oscuras del Alma,” en el volumen de Julio/Agosto de Inc.) “Si vieras la lista de nombres, te sorprenderías mucho”, dice Feld. “Eran personas muy exitosas, muy conocidas, muy carismáticas, y sin embargo habían luchado contra esto en silencio. Existe esta noción de que no deben hablar sobre ello, que es una debilidad o una vergüenza o algo así. Sienten que deben esconderlo, lo cual hace que el asunto sea incluso peor.”

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Si estás a cargo de un negocio, probablemente esto te suena muy familiar. Es un trabajo estresante que puede crear turbulencia emocional. Para los que están recién comenzando, hay un alto riesgo de fracasar. Tres de cada cuatro startups fracasan, de acuerdo a un estudio llevado a cabo por Shikhar Ghosh, un profesor de la Escuela de Negocios de Harvard. Ghosh también descubrió que más del 95 por ciento de los startups quedan muy lejos de alcanzar lo que sus proyecciones iniciales predecían.

A menudo, los empresarios hacen malabares entre varios roles y se encuentran con innumerables contratiempos –pérdida de clientes, peleas con socios, competencia en aumento, problemas de personal– todo mientras luchan para pagar los sueldos de todos. “Ocurren eventos traumáticos en todo el camino”, dice el siquiatra y antiguo empresario Michael A. Freeman, quien investiga la salud mental en los emprendedores.

Para complicar incluso más los asuntos, los nuevos empresarios a menudo se vuelven menos resistentes al no tomar en consideración su salud. Comen demasiado o muy poco. No duermen lo suficiente. No hacen ejercicio. “Puedes entrar en un ‘modo startup’, en el cual te esfuerzas más de lo que puedes aguantar y tu cuerpo lo resiente”, dice Freeman. “Eso puede gatillar la vulnerabilidad del ánimo”.

Así que, aunque pueda sonar sorprendente, los empresarios experimentan más ansiedad que los empleados. En el último Índice de Bienestar de Gallup-Healthways, el 34 por ciento de los empresarios –4 puntos porcentuales más que en otros trabajadores– reportaron sentirse preocupados. Y el 45 por ciento de los empresarios dijeron estar estresados, 3 puntos porcentuales más que otros trabajadores.

Pero quizás es más que solo un trabajo estresante lo que lleva a algunos fundadores a estar al borde del abismo. De acuerdo a los investigadores, muchos empresarios comparten rasgos característicos innatos que los hacen ser más vulnerable a los cambios de ánimo. “Es más probable que las personas que son energéticas, motivadas, y que tienen un lado creativo sean emprendedores y también que tengan fuertes estados emocionales”, dice Freeman. Entre esos estados se incluyen la depresión, angustia, desesperanza, inutilidad, pérdida de motivación y pensamientos suicidas.

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Podemos llamarlo el lado negativo de estar a cargo. Las mismas características apasionadas que motivan a los fundadores a apuntar hacia el éxito a veces pueden consumirlos. Porque los dueños son “vulnerables al lado oscuro de la obsesión”, sugieren los investigadores de la Universidad Swinburne de Tecnología en Melbourne, Australia. Ellos realizaron entrevistas a fundadores para un estudio acerca de la pasión empresarial. Los investigadores descubrieron que muchos de los sujetos mostraban señales de obsesión clínica, incluyendo fuertes sentimientos de angustia y ansiedad, las cuales tienen “el potencial de conducir a un funcionamiento deteriorado”, tal como lo escribieron en una publicación para la Revista de Investigación Empresarial en Abril.

John Gartner, sicólogo practicante que enseña en la Escuela Médica de la Universidad Johns Hopkins, refuerza ese mensaje. En su libro The Hypomanic Edge: The Link Between (a Little) Craziness and (a Lot of) Success in America [El Borde Hipomaniaco: El vínculo entre (un poco de) locura y (mucho) éxito en América], Gartner postula que un temperamento a menudo pasado por alto –hipomanía– puede ser responsable de algunas fortalezas de los empresarios, así como también de algunas de sus falencias.

Siendo una versión más leve de manía, la hipomanía ocurre a menudo en parientes de los maniacodepresivos y se estima que afecta a un número aproximado entre el 5 y el 10 por ciento de los norteamericanos.”Si eres maniaco, crees que eres Jesús”, dice Gartner. “Si eres hipomaniaco, piensas que eres el regalo de Dios para la inversión en tecnología. Estamos hablando de dos niveles distintos de grandiosidad pero de los mismos síntomas”.

La teoría de Gartner es que hay tantos hipomaniacos –y tantos emprendedores– en los Estados Unidos porque el carácter nacional del país se alzó sobre las olas de la inmigración. “Somos una población auto-seleccionada”, dice. “Los inmigrantes tienen una ambición, energía, motivación y tolerancia al riesgo inusuales, lo cual les da la oportunidad de seguir adelante en búsqueda de mejores cosas. Estos son rasgos del temperamento que tienen bases biológicas. Si plantas esta semilla en todo un continente, tendrás una nación de emprendedores”.

Sin embargo, los hipomaniacos innovadores y motivados tienen un riesgo mucho mayor de deprimirse que la población en general, nota Gartner. El fracaso puede iniciar estos episodios depresivos, claro, pero también puede hacerlo cualquier cosa que haga que el momentum del hipomaniaco sea más lento. “Son como perritos –tienen que correr.”, dice Gartner. “Si los mantienes encerrados, muerden los muebles. Se vuelven locos, simplemente caminan por todas partes. Eso es lo que hacen los hipomaniacos. Necesitan estar ocupados, activos, y con exceso de trabajo”.

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“Los empresarios han luchado en silencio. Hay una noción de que no pueden hablar sobre ello, que es una debilidad”.

Sin importar tu maquillaje sicológico, los grandes contratiempos con los que tu negocio se encuentre pueden derribarte. Incluso los empresarios más experimentados han visto como el suelo desaparece bajo sus pies. Mark Woeppel lanzó Pinnacle Strategies, una firma de consultoría para administración, en 1992. En el 2009 su teléfono dejó de sonar.

Atrapados en la crisis financiera global, sus clientes estaban de repente más preocupados con sobrevivir que con mejorar su administración. Las ventas cayeron en un 75 por ciento. Woeppel despidió a sus seis empleados. En poco tiempo, ya se había deshecho de sus activos: autos, joyas, todo lo que pudiese venderse. Su suministro de confianza también estaba en picada. “Como CEO, tienes esta imagen de ti mismo –eres el maestro del universo.”, dice. “Y de la nada, ya no lo eres”.

Woeppel no salió más de su casa. Ansioso y con una baja autoestima, comenzó a comer en exceso –y ganó 23 kilos. A veces buscó un alivio temporal en una vieja adicción: tocar la guitarra. Encerrado en una habitación, practicaba solos de Stevie Ray Vaughan y Chet Atkins. “Era algo que podía hacer solo por el amor de hacerlo”, recuerda. “No había nada más que yo, mi guitarra, y la paz”.

A través de todo, siguió trabajando para desarrollar nuevos servicios. Solo esperaba que su empresa resistiera lo suficiente para poder venderla. En el 2010 los clientes comenzaron a volver. Pinnacle firmó su contrato más grande hasta el momento con un fabricante aeroespacial, basándose en un escrito que Woeppel había redactado durante la recesión. El año pasado, las ganancias de Pinnacle fueron de 7 millones de dólares. Las ventas han aumentado en más de un 5.000 por ciento desde el 2009, dejando a la compañía en el lugar número 57 de los 500 de la lista de Inc. de este año.

Woeppel dice que hoy es más resistente, habiendo sido moldeado por los tiempos difíciles. “Solía ser como ‘Yo soy mi trabajo,’” dice. “Luego fracasas. Y descubres que tus hijos aún te aman. Que tu esposa aún te ama. Que tu perro aún te ama”.

Pero para muchos empresarios, las heridas de batalla nunca sanan completamente. Ese fue el caso para John Pope, CEO de WellDog, una firma de tecnología de energías ubicada en Laramie, Wyoming. El 11 de Diciembre del 2002, Pope tenía exactamente 8.42 dólares en el banco. Estaba 90 días atrasado en el pago de su auto. 75 días atrasado con la hipoteca. El Servicio de Impuestos había presentado cargos contra él. Se había quedado sin teléfono, teléfono celular, y televisión por cable. En menos de una semana, la compañía de gas iba a suspender su servicio a la casa que compartía con su esposa e hijas. En ese momento, no tendrían calefacción. Su empresa esperaba una transferencia por parte de la compañía petrolera Shell, un inversionista estratégico, luego de meses de negociaciones que habían culminado en un contrato firmado de 380 páginas. Así que Pope esperó.

La transferencia llegó el día siguiente. Pope –junto al resto de su empresa– se habían salvado. Después de esto, hizo una lista de todas las formas en las que se había equivocado financieramente. “No me olvidaré de esto”, recuerda haber pensado. “Esto es lo más extremo a lo que estoy dispuesto a llegar”.

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Desde entonces, WellDog ha despegado: en los últimos tres años, las ventas crecieron en más de 3.700 por ciento, a 8 millones de dólares. Pero aún queda el residuo emocional de los años de tumulto. “Siempre está ese sentimiento de estar sobrecargado, de no poder relajarte nunca”, dice Pope. “Terminas con un problema severo de confianza. Sientes que cada vez que generas seguridad, algo ocurrirá y la hará desaparecer”.

A veces, Pope se encuentra a sí mismo reaccionando de forma exagerada emocionalmente a cosas pequeñas. Es un patrón de comportamiento que le recuerda al del desorden de estrés postraumático. “A veces sucede, y pierdes el control,” dice. “Pero el tamaño del problema es mucho menor que como lo estas midiendo en base a tu reacción emocional. Eso es solo el resultado de la cicatriz que te ha quedado cuando has vivido este tipo de cosas”.

“Si eres maniaco, crees que eres Jesús. Si eres hipomaniaco, crees que eres el regalo de Dios para la inversión tecnológica”, John Gartner.

Los expertos dicen que a pesar de que el iniciar una empresa siempre será un viaje salvaje y lleno de altibajos, hay cosas que los emprendedores pueden hacer para ayudar a que su vida no se les escape de su control. Lo más importante es hacer tiempo para tus seres amado, sugiere Freeman. “No dejes que tu negocio elimine tus conexiones con seres humanos”, dice. Cuando se trata de hacerle la pelea a la depresión, la relación con los amigos y la familia pueden ser armas poderosas. Y no temas pedir ayuda – busca un profesional de la salud mental si estás sintiendo síntomas notorios de ansiedad, desorden de estrés postraumático o depresión.

Freeman también recomienda a los emprendedores que limiten su exposición financiera. Cuando se trata de evaluar riesgos, el punto ciego de los empresarios a menudo es lo suficientemente grande como para conducir un camión a través de él, dice. Las consecuencias no solo se harán evidentes en tu cuenta bancaria pero también en tus niveles de estrés. Así que fija un límite de cuanto de tu propio dinero estás preparado para invertir. Y no dejes que tus amigos y familia inviertan más que lo que pueden permitirse perder.

Ejercicios cardiovasculares, una dieta saludable, y un dormir adecuado ayudan también. Así como también lo hace el cultivar una identidad que sea separada a la que tienes en tu empresa. “Construye una vida cuyo centro sea la creencia de que el valor propio no es el mismo que el valor neto,” dice Freeman. “Otras dimensiones de tu vida deberían ser parte de tu identidad.” Ya sea que estés formando una familia, o a cargo de una caridad local, que construyas cohetes a escala en tu jardín, o que vayas a bailar los fines de semana, es importante el sentirte exitoso en áreas que no estén relacionadas con el trabajo.

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La capacidad de reformular el fracaso y la pérdida también puede ayudar a los líderes a mantener una buena salud mental. Freeman dice: “En vez de decirte a ti mismo, ‘He fracaso, el negocio fracasó, soy un perdedor’ mira los datos desde otra perspectiva: sin riesgos no hay ganancias. La vida es un proceso constante de ensayo y error. No exageres la experiencia”.

Por último, se honesto y abierto sobre tus emociones –no las escondas, incluso en la oficina, sugiere Brad Feld. Él dice que cuando estás dispuesto a ser emocionalmente sincero, puedes tener una conexión más profunda con las personas que te rodean. “Cuando te niegas a ti mismo y niegas lo que eres realmente, las personas pueden darse cuenta”, dice Feld. “La disposición a ser vulnerable es algo muy poderoso en un líder”.

 Visto en Inc.

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