Partió con una licuadora en la cocina de su casa y hoy sus pasteles son un souvenir de México

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A los seis meses los pedidos ascendían a 1.200 pasteles por día por lo que tuvo que arrendar una casa para la producción.

La historia de Tere Cazola es un ejemplo perfecto de emprendimiento puro. En la creación de su producto y su marca pueden verse todas las características necesarias para que una empresa alcance el éxito. Así que si estás empezando un negocio pon mucha atención porque esta mexicana puede ser una tremenda inspiración para ti.

LICUADORA

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Tere es educadora de profesión e inicialmente trabajaba en una escuela de la provincia del Yucatán, sureste de México. Hace 26 años y debido a la necesidad económica existente en su hogar, se vio obligada a generar mayores ingresos por lo que tímidamente recurrió a hacer de su pasión un oficio. Así, entró a la gastronomía y comenzó a cocinar pasteles a sus conocidos en reuniones familiares y de amigos hasta que un día uno de ellos le hizo un pedido de USD$200. Su primera gran venta le dio la motivación y la convicción de que el negocio valía la pena. En ese momento solo tenía una licuadora y un horno y ese primer ingreso le sirvió para comprar más ingredientes y cocinar un número mayor de pasteles que también se vendieron rápidamente.

Las primeras semanas debía realizar alrededor de 12 pasteles al día, por lo general para amigos. Ellos mismos corrieron la voz y la demanda aumentó lo suficiente como para que Tere tuviera que ocupar una habitación, la sala y el comedor de su casa. Seis meses después el negocio había crecido tanto que hubo que arrendar una casa solamente para la producción ya que los pedidos ascendían a 1.200 pasteles al día. En ese momento supo que debía abrir una marca; Tere Cazola.

Necesidad de capacitarse y aprender

A medida que aumentaban los pedidos, aumentaba también el espectro de pasteles y dulces que solicitaban, por lo que Tere se vio obligada a recurrir a programas de televisión, revistas, libros e incluso cursos para poder satisfacer las necesidades de sus clientes. Allí aprendió lo importante que es para el negocio la capacitación del personal. Pasó de estudiar cocina a aprender sobre administración y finanzas para poder llevar también los números de la empresa. Gracias a esto su variedad de productos asciende a más de 80 entre salados y dulces, siempre conservando el sabor de la provincia del Yucatán.

Hacer un buen uso de la tecnología

A medida que crecía se hacía más y más popular y llegó a recibir pedidos de Cancún y otros lugares a más de 300 km de distancia. Aquí tuvo que enfrentar su primer problema logístico, ¿cómo hacer para que los pasteles se preserven de forma correcta durante un camino tan largo? Después de mucho probar descubrió que si los pasteles se refrigeraban un tiempo después de hornearlos podían durar el camino y ser entregados de forma perfecta. Hoy sus vehículos de reparto están especialmente aclimatados para este fin por lo que ya no es un problema.
Otra herramienta tecnológica que utiliza es el túnel de ultra congelado que, a -40ºC congela la masa que sale del horno eliminando los cristales de agua. Esto permite que al descongelarse la consistencia se mantenga. Tere tiene la convicción de que no hay problema que no tenga solución, solo hay que mantenerse motivado.

Con ese mismo espíritu, Tere Cazola ha logrado hacer de un pequeño negocio familiar, una planta de producción que emplea hoy a más de 150 personas y que opera 28 sucursales propias en distintas provincias de México.

Aún así ella no piensa en dejar de crecer. Todos los días recibe pedidos de más y más estados de México e incluso del exterior, entre los que se encuentran España y Alemania.

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