Investigadores que dieron evidencia clave ‘sobre sensibilidad al gluten’ han demostrado que esa evidencia no existe

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Este artículo fue escrito por Jennifer Welsh, editora de la sección de Ciencias de Business Insider(*). 

En uno de los mejores ejemplos de la ciencia en funcionamiento, un investigador que entregó evidencia clave de la sensibilidad al gluten (enfermedad no celiaca) publicó recientemente unos documentos de seguimiento que dicen lo contrario.

El primero de estos documentos apareció el año pasado en la revista Gastroenterology. Aquí tenemos los orígenes de esta historia:

El estudio fue un seguimiento al experimento conducido en el 2011 en el laboratorio de Peter Gibson en la Universidad de Monash. El estudio, pequeño pero científicamente sólido, descubrió que las dietas en base a gluten pueden causar malestar gastrointestinal en las personas que no tuvieran la enfermedad celiaca – un conocido desorden autoinmune gatillado por el gluten.

Llamaron a esto la sensibilidad al gluten no celiaca.

El gluten es un compuesto de proteína que se encuentra en el trigo, la cebada, y otros granos. Le da al pan su “masticabilidad”. Si alguna vez has comido “carne de trigo”, seitán, o sucedáneo de pato en un restaurant de comida Thai, has comido gluten.

La industria del gluten es enorme. El 30% de las personas quieren consumir menos gluten. Y las ventas de productos libres de gluten se estiman que llegarán a los 15 billones de dólares para el 2016.

A pesar de que los expertos estiman que sólo el 1% de los estadounidenses – alrededor de 3 millones de personas – sufren de la enfermedad celiaca, el 18% de los adultos compran hoy comidas libres de gluten.

Dado que el gluten es una proteína que se encuentra en cualquier dieta normal, Gibson no quedó satisfecho con su descubrimiento. Él quiso descubrir por qué el gluten parecía causar esta reacción y si podría haber otro fenómeno ocurriendo. Por lo tanto, se sometió a extremos rigorosamente científicos para su próximo experimento a un nivel que no suele ser esperado en estudios de nutrición.

En este estudio de seguimiento, participaron 37 personas que se identificaron a sí mismas como pacientes con sensibilidad al gluten. De acuerdo al Blog Real Clear Science’s Newton Blog, esto es lo que ocurrió en ese experimento:

A los sujetos de estudio se les entregó cada comida por toda la duración del experimento. Cualquiera y cada posible desencadenante de síntomas gastrointentinales fueron removidos, incluyendo la lactosa (de los productos lácteos), ciertos preservativos como benzoatos, propionato, sulfitos, y nitritos; y carbohidratos de cadena corta, fermentables y pobremente absorbidos, también conocidos como FODMAPs. Y por último, pero no menos importante, se tomaron muestras de materia fecal y de orina durante 9 días. Con este nuevo estudio, Gibson no estaba jugando.

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Los sujetos fueron expuestos cíclicamente a dietas con alto, bajo, y sin contenido de gluten (es decir, dietas placebo), sin enterarse que plan dietario estaban siguiendo. Al final, todos las dietas de tratamiento – incluyendo las placebo – causaron dolor, hinchazón, nauseas, y gases a niveles similares. No importó si la dieta contenía o no gluten. (Lee más sobre este estudio.)

“A diferencia con nuestro primer estudio… no pudimos encontrar alguna respuesta específica al gluten,” escribió Gibson en su estudio de seguimiento. Un tercer estudio, mucho más grande, ha confirmado estos hallazgos.

Parece haber un efecto “nocebo” – los pacientes que se auto diagnosticaron sensibilidad al gluten esperaban sentirse peor en las dietas del estudio, por lo cual fue así. También estaban mucho más atentos a sus malestares intestinales ya que debía monitorearlos para el estudio.

Además, los otros factores desencadenantes en potencia de las dietas – especialmente los FODMAPs – pueden haber estado causando lo que las personas interpretaban erróneamente como sensibilidad al gluten.  Los FODMAPs se encuentran frecuentemente en las mismas comidas que en las que se encuentra el gluten. Pero aún no se consigue explicar el por qué las personas en el estudio reaccionaron de forma negativa a las dietas que estaban libres de factores desencadenantes.

Así que ya lo sabes: eres libre de oler tu pan y también de comerlo. Así funciona la ciencia.

(*) El artículo original fue publicado en Business Insider

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