Los diamantes son una farsa, ya es hora de dejar de comprometernos con ellos

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“Sí, dicen que tres años de salario.”Michael Scott, The Office

Muchísimos hombres entran a la adultez a través de un peculiar rito de transición – gastan la mayor parte de sus ahorros en una brillante roca.

Podrían invertir el dinero en activos que crecerían con el tiempo y algún día podrían proporcionar una fuente de ahorros.

En cambio, convierten el dinero en un anillo de diamantes, que no es un capital en lo absoluto. Tan pronto se sale de la joyería con un diamante, éste pierde más del 50% de su valor.

Las parejas intercambian anillos de diamantes como parte del proceso de comprometerse en matrimonio, porque en 1938 De Beers decidió que así lo querían. Con anterioridad a una impresionante y exitosa campaña de marketing realizada en 1938, las parejas intercambiaban anillos sólo ocasionalmente.

No sólo es la demanda de diamantes un invento del marketing, sino que  los diamantes no son realmente algo tan escaso. Sólo restringiendo cuidadosamente su oferta es que De Beers ha mantenido su precio tan alto.

Muchos hombres constatarán que la obligación social de proporcionar un anillo de compromiso es a la vez estresante y costosa. Pero el asunto es que – esta obligación sólo existe porque la compañía que se enriquece de ella quiso que así fuera.

En consecuencia, he aquí una modesta propuesta: pongámonos de acuerdo en que los diamantes son un sinsentido y rechacemos su papel en el proceso del matrimonio. Admitamos que como sociedad hemos sido engañados por alrededor de un siglo, codiciando brillantes trozos de carbón, y que es hora de acabar con el absurdo.

El concepto de valor intrínseco

En finanzas, existe un concepto llamado valor intrínseco. El valor de un activo está esencialmente generado por el valor (descontado) futuro que dicho activo va a generar. Por ejemplo, cuando Hertz compra un coche, su valor es la ganancia que obtienen de su arriendo y de su venta al final de su vida útil (valor terminal). Para Hertz, un auto es una inversión. Cuando usted compra un coche, a menos que usted haga dinero con él de alguna manera, su valor corresponde a su valor de reventa. Dado que un coche es un activo que se deprecia, el valor que el coche pierde durante su vida útil es un gasto real que usted paga.

Un diamante es un activo que se deprecia, enmascarado como una inversión. Hay un concepto erróneo de que las joyas y los metales preciosos son activos que pueden mantener su valor, aumentarlo, y evitar la inflación, pero tampoco es completamente falso.

El oro y la plata son productos que se pueden comprar en los mercados financieros. Pueden aumentar y mantener su valor en tiempos de inflación. Usted puede incluso guardar oro debajo de su cama y comprar monedas y lingotes de oro (aunque a un ~ 10% de prima a tasas de mercado). Sin embargo si quiere atesorar joyas de oro, por lo general hay un margen de ganancia minorista del 100-400%, por lo que no creo que sea una buena inversión.

Pero con esta advertencia en mente, el mercado del oro es bastante líquido y el oro es un bien fungible – se puede transar una pieza de oro grande por diez pequeñas, tanto como un billete de diez dólares por diez billetes de un dólar. Estas características lo convierten en un potencial de inversión viable.

Los diamantes, sin embargo, no son una inversión. El mercado para ellos no es líquido, ni son ellos fungibles.

La primera prueba de un mercado líquido es si usted puede o no revender un diamante. En un famoso artículo publicado por The Atlantic en 1982, Edward Epstein explica por qué usted no puede vender los diamantes usados sino sólo por una  miseria:

Los joyeros minoristas, especialmente las prestigiosas tiendas de la Quinta Avenida en Nueva York, prefieren no volver a comprar diamantes de los clientes, debido a que la oferta que harían sería considerada ridículamente baja. El margen de  un diamante y de su engaste pueden variar de 100 a 200 por ciento, dependiendo de la política de la tienda; si comprara diamantes de vuelta de los clientes, tendría que comprarlos a precios al por mayor.

La mayoría de los joyeros preferirían no hacer una oferta a un cliente que éste pudiera percibir como insultante y que además podría socavar la noción generalizada de que los diamantes suben de valor. Además, dado que los minoristas en general, reciben sus diamantes de los mayoristas, en consignación, y no necesitan pagarlos hasta que se venden, ellos no arriesgarían su propio dinero para comprar los diamantes de los clientes.

Cuando compras un diamante, lo haces en el mercado minorista, que es con un 100% a 200% de margen. Si deseas revenderlo, tienes que pagar menos que el valor mayorista para incentivar al comprador de diamantes a arriesgar su propio capital en la compra. Dado el elevado margen de beneficio, esto significará una pérdida sustancial para ti. El mismo artículo aporta números al dilema:

A causa del pronunciado margen de ganancia de los diamantes, las personas que compran en el mercado minorista y venden en el mayorista, a menudo sufren enormes pérdidas. Por ejemplo, Brod estima que un anillo de diamantes de medio quilate, que podría costar US$2.000 en una joyería minorista, se podría vender por sólo US$600 en el mayorista.

Algunos diamantes tienen, quizás, un grado de inversión, pero lo más probable es que no seas dueño de uno, aunque hayas gastado mucho.

Los tasadores en “Diamantes Imperio” examinan miles de diamantes al mes, pero rara vez se encuentran con alguno de extraordinaria calidad. Casi todos los diamantes que encuentran están ligeramente defectuosos, descoloridos, diamantes de calidad comercial. El jefe de tasación dice: “Cuando la mayoría de estos diamantes fueron comprados, las mujeres estadounidenses estaban preocupados por el tamaño del diamante, no por su calidad intrínseca”. Además, señala que el engaste con frecuencia oculta defectos, y añade: “El tipo de diamantes sin defectos, para inversión sobre los que uno lee, casi nunca se encuentran en las joyerías”.

Al igual que con televisores y colchones, el esquema de clasificación de diamantes es extremadamente complicado. Los diamantes no son fungibles y no pueden ser fácilmente intercambiados entre sí. Los profesionales de los diamantes utilizan una clasificación de diamantes según : quilates, color, corte y claridad. Debido a la complejidad de estas 4 dimensiones, es muy difícil hacer comparaciones entre los diamantes.

Pero incluso cuando se observa el valor de una piedra, los profesionales parecen estar inventando los precios de los diamantes:

En 1977, por ejemplo, los joyeros de Circular Keystone encuestaron a un gran número de distribuidores minoristas y encontraron diferencias de más del 100 por ciento en ofertas de la misma calidad de diamantes con calidad de inversión.

Así que seamos muy claros, un diamante no es una inversión. Puedes querer uno porque se ve lindo, o por ser éste un símbolo de status, pero no porque éste guardará o aumentará su valor.

Pero entre todas las cosas bonitas y brillantes que hay por ahí, – oro y plata, rubíes y esmeraldas – ¿por qué la gente codicia los anillos de compromiso de diamantes en primer lugar?

 Un diamante es para siempre una medida de tu masculinidad

 “La razón por la que no lo has sentido es porque no existe. Lo que llamas amor fue inventado por tipos como yo, para vender nylon”-. Don Draper, Madmen

Nos gustan los diamantes porque así lo quiso Gerold M. Lauck. Hasta mediados del siglo 20, los anillos de compromiso de diamantes eran una pequeña y moribunda industria en Estados Unidos y el concepto tampoco había cobrado fuerza en Europa. Por otra parte, con Europa al borde de la guerra, no parecía un lugar prometedor para invertir.

No es sorprendente que el mercado estadounidense para los anillos de compromiso de diamantes comenzara a disminuir durante la Gran Depresión. El volumen de ventas disminuyó y los compradores que quedaban compraban piedras cada vez más pequeñas. Pero el mercado de EE.UU. de anillos de compromiso correspondía todavía el 75% de las ventas de De Beers. Si De Beers iba a crecer, tenía que revertir la tendencia.

Y así, en 1938, De Beers buscó ayuda en Madison Avenue. Contrataron a Gerold Lauck y la agencia de publicidad NW Ayer, que encargó un estudio con algunas astutas observaciones. Los hombres eran la clave para el mercado:

Ya que “los jóvenes compran más del 90% de los anillos de compromiso” sería fundamental inculcar en ellos la idea de que los diamantes son un regalo de amor: cuanto más grande y fino el diamante, mayor es la expresión del amor. Del mismo modo, las mujeres jóvenes tenían que ser animadas a ver los diamantes como una parte integral de cualquier cortejo romántico.

Sin embargo, había un dilema. Muchas mujeres inteligentes y prósperas no querían anillos de compromiso de diamantes. Querían ser diferentes.

Las millones de las novias y futuras novias están sujetas a, al menos, dos presiones importantes que operan contra el anillo de compromiso. Entre los más prósperos, existe el sofisticado impulso a ser diferentes, como forma de ser inteligentes…a los grupos de menores ingresos les gustaría aparentar más por el dinero que pagar por el diamante…

Lauck necesitaba vender un producto que la gente o no quería o que no podía pagar. Su solución perseguiría a los hombres durante generaciones. Aconsejó a De Beers a presentar los diamantes como un símbolo de estatus:

“El diamante, como regalo, puede transformarse en un símbolo ampliamente buscado, de éxito personal y familiar – una expresión de logro socio-económico”.

“Promover el diamante como un objeto material que puede reflejar, de una manera muy personal, el éxito en la vida de un hombre”.

La próxima vez que te fijes en un diamante, considera esto. Casi todos los matrimonios comienzan con un diamante porque un puñado de hombres blancos y muy ricos, en la década de 1940 convenció a todos que su tamaño determina su autoestima. Ellos crearon esta convención – que a menos que un hombre compre un (intrínsecamente inútil) diamante, su vida es un fracaso – sentados en una habitación, devanándose los sesos sobre cómo vender diamantes que nadie quería.

Con esta idea, se comenzaron a comercializar diamantes como símbolo de estatus y amor: ídolos del cine, los parangones del romance para el público masivo, recibirían diamantes para usarlos como símbolos del amor indestructible. Además, la agencia propuso ofrecer historias y fotografías sociales a revistas y periódicos seleccionados que fortalecieran el vínculo entre diamantes y romance. Las historias destacarían el tamaño de los diamantes que las celebridades entregaran a sus seres queridos, y los fotógrafos mostrarían en forma destacada la piedra reluciente en la mano de una mujer muy conocida.

Los diseñadores de moda hablarían en programas de radio acerca de la “tendencia hacia los diamantes” que Ayer planeaba comenzar. El plan Ayer también contemplaba involucrar a la familia real británica para ayudar a fomentar el atractivo romántico de los diamantes.

¡Incluso la familia real estaba en el engaño! La campaña pagó dividendos inmediatos. Dentro de 3 años, a pesar de la Gran Depresión, ¡las ventas de diamantes en los EE.UU. aumentaron un 55%!  Veinte años más tarde, una generación entera creía que un anillo de diamantes caro era un paso necesario en el proceso de unión en matrimonio.

La máquina de marketing de De Beers continuó batiendo éxitos. Pusieron en circulación materiales de marketing que sugieren, a propósito de nada, que un hombre debe gastar un mes de su sueldo en un anillo de diamantes. Funcionó tan bien que De Beers decidió arbitrariamente aumentar la sugerencia a dos meses de salario. Es por eso que usted piensa que necesita gastar dos meses de sueldo en un anillo – debido a que los proveedores del producto lo dijeron.

Hoy en día, más del 80% de las mujeres en los EE.UU. (y un porcentaje similar en el resto del mundo) reciben anillos de diamantes cuando se comprometen. El control es total.

Una historia de manipulación del mercado

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Usted se preguntará, ¿qué es lo que puede llevar a la cima de la demanda institucionalizada a un producto, desde la nada?  Monopolizar el suministro de diamantes por más de un siglo, para lograr que ese producto inútil sea extremadamente caro. En realidad los diamantes no son ni siquiera algo tan raro.

Antes de 1870, los diamantes eran muy raros. Por lo general terminaban en una corona del Maharajá o un collar real. En 1870, enormes depósitos de diamantes fueron descubiertos en Kimberley, Sudáfrica. Como los diamantes inundaron el mercado, los financistas de las minas se dieron cuenta de que estaban desvalorizando sus propias inversiones. A medida que se extraían más y más diamantes, se hacían menos escasos y su precio se reducía.

El mercado de los diamantes pudo haber tocado fondo si no fuera por un emprendedor con el nombre de Cecil Rhodes. Él comenzó a comprar minas con el fin de controlar la producción y mantener en alto el precio de los diamantes. Alrededor de 1888, Rhodes controlaba todo el suministro de diamantes de Sudáfrica, y a su vez, la totalidad de la oferta mundial. Una de las empresas que adquirió fue nombrada en honor de sus fundadores, los hermanos De Beers.

La construcción de un monopolio de diamantes no es un trabajo fácil. Se requiere de un equilibrio entre castigar sin piedad y cooperar con los competidores, así como una visión a muy largo plazo. Por ejemplo, en 1902, los exploradores descubrieron una enorme mina en Sudáfrica que contenía tantos diamantes como todas las minas de De Beers juntas. Inicialmente los propietarios se negaron a unirse al cartel De Beers, uniéndose tres años más tarde después de que el nuevo propietario, Ernest Oppenheimer, reconociera que un mercado competitivo para los diamantes sería desastroso para la industria:

El sentido común nos dice que la única manera de aumentar el valor de los diamantes es hacerlos escasos, es decir, reducir su producción.

Así es como De Beers ha controlado la cadena de suministro de diamantes durante la mayor parte del siglo pasado. De Beers posee la mayoría de las minas de diamantes. De las minas que no son propietarios, ellos históricamente han comprado todos los diamantes, intimidando a cualquiera que planeara resistirse a su monopolio. Luego transfieren todos los diamantes a la Organización Central Selling (CSO), de la cual son propietarios.

La OSC clasifica los diamantes, los pone en cajas y los presenta a los 250 socios a quienes venden. El precio y cantidad de los diamantes no son negociables – es tómalo o déjalo. Rechazar cajas es quedar fuera de la industria del diamante.

Durante la mayor parte del siglo 20, este sistema ha controlado el 90% del comercio de diamantes y ha sido el único responsable de sus inflados precios. Sin embargo, como Oppenheimer asumió el liderazgo de De Beers, él evaluó el riesgo operativo principal que la empresa enfrentaba:

Nuestro único riesgo es el repentino descubrimiento de nuevas minas, que la naturaleza humana trabajará imprudentemente en detrimento de todos nosotros.

Debido a que los diamantes son “valiosos”, siempre existirá el riesgo de que los empresarios encuentren nuevas fuentes de diamantes. Aunque el control de los descubridores de nuevas minas a menudo realmente significaba trabajar con los comunistas. En 1957, la Unión Soviética descubrió un depósito masivo de diamantes en Siberia. Aunque los diamantes eran más bien pequeños, De Beers aún debía comprarlos todos, para no arriesgarse a que se desatara el aumento de la oferta en el mercado mundial.

Más tarde, en Australia, se descubrió una gran cantidad de diamantes de colores. Cuando la mina se negó a unirse al sindicato, De Beers tomó represalias descargando grandes cantidades de diamantes de colores que eran similares a los australianos para bajar su precio. Del mismo modo, en la década de 1970, algunos miembros israelíes del CSO empezaron a acumular los diamantes que les fueron asignados en lugar de revenderlos. Esto dificultó para De Beers el control de precios de mercado, y eventualmente podría causar una baja en los precios del diamante cuando los acaparadores lanzaran su arsenal. Con el tiempo, estos miembros infractores fueron suspendidos de la CSO, esencialmente excluyéndolos de los negocios de los diamantes.

En el año 2000, De Beers anunció que estaban perdiendo el control de su monopolio en el negocio de los diamantes. Incluso establecieron una demanda antimonopolio en EE.UU. relacionada con la fijación de precios de diamantes industriales por una suma de $ 10 millones (¡Qué generoso! ¿Es el precio del anillo de compromiso de un banquero?).

Hoy en día, el control de De Beers sobre la cadena de suministro de la industria es menos fuerte. Y, sin embargo, los precios siguen aumentando ya que no se han encontrado recientemente nuevos depósitos y la demanda de diamantes está aumentando en la India y China. Por ahora, es menos necesario que la empresa monopolice la cadena de suministro, ya que su mentira de que un diamante es un indicador de el valor de un hombre en la vida ha infectado el resto del mundo.

Conclusión

 “No conseguí una puerta del baño que parece una pared, siendo malo en los negocios”Jack Donaghy, 30 Rock

Codiciamos diamantes por una razón simple: la empresa que se beneficia de las ventas de diamantes decidió que así debía ser. La campaña de marketing de De Beers por sí sola transformó los anillos de diamantes en la medida del propio éxito. A pesar de su total falta de valor inherente, la compañía fabricó una imagen de los diamantes como símbolo de estatus. Y para mantener alto el precio de los diamantes, a pesar de la abundancia de nuevos descubrimientos de diamantes, De Beers ejecutó el monopolio más eficaz del siglo 20. Bueno, lo entendemos De Beers, ¡ustedes son muy buenos en los negocios!

El propósito de este post  era señalar que los anillos de compromiso de diamantes son una mentira – que son un invento de Madison Avenue y De Beers. Este post ha pasado por alto, por completo, la enorme cantidad de sufrimiento humano que hemos causado al creer esta mentira: guerras financieras en el conflicto de los diamantes, apoyo al apartheid durante décadas con nuestro dinero, y la dilapidación de la tierra para encontrar carbón brillante. Y ya que estamos en el tema, ¿por qué es que a las mujeres se les debe pedir y se les debe dar un anillo con el fin de casarse? ¿Por qué no pueden ofrecerlo ellas?

Los diamantes no son realmente escasos, son una inversión terrible, y son valiosos sólo como un símbolo de estatus.

Los diamantes, por decirlo con delicadeza, son un sinsentido.

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