Unas zapatillas de US$ 150 me enseñaron una lección que ha durado 22 años

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La mejor manera de aprender es equivocándose y este chico realmente aprendió su lección. A continuación te dejamos la historia de Lance Bandley sobre la enseñanza de vida que le dejó su par de zapatillas nuevas:

¿Por casualidad tienes un par de zapatillas que te hayan durado 22 años? Pues yo sí. Si bien aún me quedan, no es por eso que las mantengo. De hecho, no las he usado en más de dos décadas. Están desgastadas y no tienen tracción, lo que es bastante importante para el calzado en el basquetbol. A pesar de los ruegos de todos mis conocidos para que las bote, yo las mantengo por la lección que me enseñaron y que nunca quiero olvidar.

En los ’90, cuando era un adolescente, quería tener lo mejor de lo mejor. Yo era muy influenciable por la publicidad y mis amigos, así que quería tener el primer par de las Nike Air Force 180 ¿Cómo podrías ignorar al “Almirante” David Robinson y los comerciales en los que aparecía? (ahora que los veo, dos décadas después, me parecen bastante vergonzosos, pero les juro que en su momento me parecían increíbles). Ni siquiera me gustan los San Antonio Spurs, soy un fan de los Jazz de Utah, pero el señor Robinson jugaba ahí y era impresionante. Además no hay muchos atletas buenos que admirar. Pero eso es harina de otro costal.

Estas zapatillas que yo tanto quería costaban US$ 150 y eso era en los ’90. No tenía trabajo, era un adolescente, así que me puse a cortar el césped de los vecinos. Ganar esa cantidad era una meta muy lejana, teniendo en cuenta que ganaba US$ 5 con cada trabajo. Así que me dediqué a ahorrar y fui al centro comercial para averiguar cuándo saldrían a la venta y así ser el primero en adquirirlas.

Permitir los errores

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Finalmente conseguí juntar los US$ 150 y volví a la tienda. Mi mamá me llevó, porque yo no podía conducir y en el camino me preguntó: “¿Estás seguro de que quieres gastar tanto dinero en esas zapatillas?”. Le respondí que sí y, afortunadamente, me dijo que estaba bien.

Mirando hacia atrás, estoy agradecido de que no me haya detenido y que me haya dejado cometer mis propios errores. Esa fue una importante lección que me enseñó y que espero algún día traspasar a mis hijos. Si los fuerzas a saltarse los errores, no van a aprender hasta muy tarde en sus vidas, cuando estos errores sean económicamente devastadores.

Cuando entré en la tienda me dijeron que era el primero en todo el estado en obtener las Nike Air Force 180 y que me darían un 10% de descuento por este motivo ¡Increíble! Calzado nuevo y además me podía ahorrar US$ 15. La cosa se ponía cada vez mejor.

Obtuve mis zapatillas talla 11 y me fui a casa. En esos tiempos, era un niño muy alto y pensaba que sería un jugador de la NBA, pero finalmente dejé de crecer. En la tienda me habían dicho que las podía usar solamente en el gimnasio, ya que tenían una bolsa de aire en el fondo ¿Pero cómo me iban a ver todos mis amigos y todos los niños en la escuela con mis nuevas zapatillas? Decidí usarlas donde quisiera. Después de todo, eran mías.

Lo genial de las zapatillas de basquetbol en los ’90 era que venían con infladores. No sólo podías llegar más alto, podías hacer lo que quisieses si la inflabas. Aún mejor: podías mover la perilla que tenían arriba y no solo inflar donde estaba tu arco, sino que además también los tobillos ¡Dos infladores! Eso sí era tecnología.


Lecciones aprendidas

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Adoraba usarlas, pero un tiempo después llegaron las lecciones que debía aprender. Aún no podía encestar el balón y ni siquiera podía saltar más alto de lo que lo hacía con mis zapatillas de US$ 15 que mis padres solían comprarme. Tampoco me convertí en un mejor jugador. Los niños que antes eran más altos y talentosos que yo, seguían siéndolo.

Además, no tenía nada de dinero, porque gasté todo lo que tenía en ellas ¿Y el 10% que me regalaron como descuento? Bueno, estaba el tema de los impuestos: unos zapatos de US$ 150 no valen realmente eso, ya que debes agregarle el impuesto, así que terminé pagándolo con el dinero que creí haber ahorrado.

Tenía un calzado vistoso, nada en mis bolsillos y aún no podía superar las primeras pruebas para ingresar en el equipo de basquetbol de la escuela. Incluso accidentalmente le hice un pequeño tajo a uno de los infladores, por no escuchar al vendedor y usar las zapatillas fuera de la cancha de basquetbol.

Las utilicé por varios años hasta que finalmente la tracción se perdió y necesité un par un poco más grande. No quise deshacerme de ellas porque había gastado todo mi dinero comprándolas. Fue mi primera gran adquisición y se convirtió en un asunto importante para mí. Pero ciertamente aprendí ahí mismo la diferencia entre lo que decía la publicidad, el querer aparentar con los amigos y la administración del dinero.

He puesto esta lección en práctica para todo lo demás en la vida. Lo interesante es que casi me fui al otro extremo al intentar ahorrar todo lo que ganaba. Llegué a guardar entre un 80% y un 85% de mis ingresos, cuando era adolescente y tenía un trabajo en un campo de golf cortando y reparando el césped. No gasté en nada, así que probablemente me perdí de muchas cosas divertidas, pero pude pagar la universidad y graduarme sin deudas.


Aplicando esta lección a la vida

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¿Pero qué hay del resto de las cosas que hacemos? Las zapatillas se pueden comparar con cualquier otra compra que hagamos. “Debo tener la casa más grande o el vehículo más nuevo” ¿Te gastas todo lo que tienes, y probablemente mucho más de lo que debieses, sólo para terminar sin dinero pero con una linda mansión o tener que pagar carísimas cuotas por culpa del automóvil?

Te das cuenta después de que el modelo que ya tienes te lleva del punto A al B del mismo modo en que lo hacen todos los vehículos. Y una casa más grande simplemente significa más aseo por hacer y un pago mensual más ajustado sin margen de flexibilidad. Entonces, surge una emergencia y debes hacer una reparación mayor, lo que te obliga a endeudarte más y sobrecargar tus tarjetas de crédito, metiéndote en serios problemas.

Si bien es importante ganar dinero, el hábito del autocontrol para gastarlo y ahorrarlo es aún más importante. No te reporta beneficio alguno el tener dinero si no puedes controlar su gasto. Casi siempre nos preguntamos cuánto pagan en tal trabajo o cuánto dinero gana tal persona, cuando la verdadera pregunta debiese ser “¿Cuánto ahorras?”.

Mientras más pronto asimiles esta lección, más fácil se volverá la vida. Sin embargo, esto no significa que sea muy tarde para aprender a administrar el dinero. Y que ya hayas aprendido algo no significa que seas un experto en el tema, ni que no puedas mejorar lo que ya sabes.

Mis zapatillas de US$ 150 me terminaron costando mucho en mi adolescencia, pero probablemente me ahorraron cientos de miles de dólares en las compras de mi casa y mi auto. Calificamos bastante bien para una hipoteca considerando lo que buscábamos y fue en realidad tentador maximizar la situación y adquirir una pequeña mansión en vez de una casa común.

Por una parte, hubiese sido genial tener una gran casa. Seguro hubiese impresionado a todos, pero nos hubiese dejado arrastrándonos con las cuentas cada mes. Si teníamos una casa normal podríamos fácilmente realizar el pago mensual y además también tendríamos listo el fondo para la universidad de nuestra hija y en ese tiempo ella ni siquiera había nacido.

Si podemos dejar de darle importancia a lo que piensan los demás, concentrarnos en nosotros mismos y mirar en perspectiva, la vida se vuelve mucho más fácil de llevar. Es tu vida y de nadie más, así que deja de preocuparte por lo que el resto piense.

Para mi hija y futuros nietos: este es su consejo, porque estoy seguro de que se aburrirán cuando su padre/abuelo se siente con ustedes una y otra vez, saque la vieja caja de las Nike, las abra y les pregunte “¿Les he contado, niños, de mis zapatillas de US$ 150?”.

Visto en Business Insider.

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